
El Debate Presidencial ANATEL 2025 realizado en Santiago, con cinco periodistas en el panel dejó algo más que frases para la polera: instaló dos hechos políticos que todos los candidatos deberán encarar desde hoy. Primero, el acercamiento táctico Jara–Parisi, un eje de “piso social + bolsillo” que huele a segunda vuelta. Segundo, la puerta entreabierta de Harold Mayne-Nicholls a un futuro Ministerio del Deporte, oferta de gestión limpia que cualquiera podría capitalizar. Con ese encuadre, veamos quién tuvo épica, quién tuvo plan y quién solo reflejos.
El clivaje de la noche no fue izquierda contra derecha, fue eslogan contra mecanismo. José Antonio Kast encarnó el primer bando con precisión publicitaria: “Este domingo viene el cambio” y “las medidas de seguridad no se comentan… miedo no tengo”. Sirve para encender a los convencidos; no alcanza para explicar cómo baja la violencia ni con qué se financia la expansión penitenciaria. El vidrio protege del disparo, no de las preguntas.
En la orilla opuesta, Marco Enríquez-Ominami intentó ponerle precio a la retórica ajena: llamó tres veces “dictador” a Maduro, recordó que “nunca una invasión norteamericana ha traído bien” y clavó su anzuelo moral: “la verdad es el cambio”. Bien la brújula; débil el Excel: la verdad es condición necesaria, pero la planilla es imprescindible.
Quien mejor pescó el punto medio fue Janet Jara. En derechos humanos fue nítida “los de Punta Peuco también son delincuentes, no se liberan ni amnistía”; en política exterior marcó Estado “no avalo ninguna invasión armada”, “no necesitamos sheriff en Latinoamérica”; y frente a la megatoma de San Antonio hiló ley con humanidad: cumplir la sentencia cuidando a los niños. No incendia la pradera, pero ofrece lo escaso: gobernabilidad. Y, crucial para el tablero, dejó abierta la compatibilidad con el libreto de Franco Parisi: ella aporta método y piso social; él, gadgets anticorrupción y promesas de alivio inmediato al bolsillo. Ese coqueteo programático es ya un dato de la campaña.
Evelyn Matthei jugó a lo que sabe y, televisivamente, ganó. Prometió continuidad con dientes “seguiría el Plan de Búsqueda, pero bien hecho” y una meta contundente en la macrozona sur: “en un año vamos a terminar con el narcoterrorismo… o cárcel o cementerio”, con drones y US$2.500 millones. Es la promesa medible que su electorado premia; su talón de Aquiles está a la vista: la épica aérea no sustituye la arquitectura de inteligencia, legalidad y rendición de cuentas. Gobernar no es sobrevolar. El “feliz cumpleaños, Evelyn” de Johannes Kaiser no fue anécdota: fue disciplina de bloque y guiño de segunda vuelta que humaniza a la candidata y ordena a la derecha sin firmar nada.
Parisi sigue siendo el mejor lector del malestar y, a la vez, su propio límite. “La gente vive a medias” golpea; “40% menos con dos millones de techos solares” encanta; la “Ley Topo” con 20% al denunciante seduce a la vena anticorrupción. Pero cuando se le pide transparencia sobre sus asesorías en EE. UU., responde que su NDA le cuesta US$1,5 millones por empresa y no puede decir más. El tecnopopulismo tiene chispa… y letra chica. Si ese libreto se acopla al de Jara PGU sin magia, rebaja de luz con mecanismo, tienen un combo de bolsillo que otros deberán contestar con planillas, no con memes.
Eduardo Artés recordó lo que la política institucional prefiere olvidar: “Chile se ha construido con tomas”. Propuso nacionalizar cobre y litio, y encuadrar indultos en “contexto”.
Coherente, sí; gobernable, cuesta imaginarlo. Harold Mayne-Nicholls, en cambio, ocupó el carril del centro pragmático: subir Ciencia del 0,2% al 0,7% del PIB, menos permisología, autoridad docente y ese estribillo que conversa bien con la ansiedad moderada: “devolvámosle el alma a Chile”. Cuando le tantearon si sería ministro, no se ofreció, pero dejó la puerta entreabierta “dentro de sus marcos”. Traducción simultánea: el Ministerio del Deporte ya tiene placa virtual lista y su disponibilidad agrega una carta de gestión no ideológica que cualquier eventual gobierno querrá mostrar.
El fondo es simple: el país quiere paz sin amnesia, PGU que pague el súper sin magia y boletas de luz más bajas sin cuentos. Menos hashtag y más mecanismo. Ganará quien convierte sus frases en calendarios, costos y responsables cuando se apaguen las cámaras.
Quién ganó el debate. Por desempeño televisivo y coherencia de mensaje, ganó Evelyn Matthei: disciplinada, reconocible y con promesas contundentes que su público recompensa (potenciado por el guiño de Kaiser). Segundo lugar para Janet Jara, por consistencia de brújula Estado de Derecho sin complejos, DD. HH. sin eufemismos y por haber quedado bien posicionada para un entendimiento práctico con Parisi en clave de bolsillo. Tercero, Marco Enríquez-Ominami, por instalar la vara incómoda del financiamiento que los demás esquivan. El resto movió fichas útiles para su tablero; la ciudadanía, que ya no compra humo, espera ahora el plano de obra.
Fact-check exprés. Lo verificable del ANATEL 2025 pasó la prueba en lo grueso: el cambio de régimen de Punta Peuco a estándar de cárcel común es real; el Plan Nacional de Búsqueda existe y sigue vigente; la megatoma de San Antonio tiene orden judicial con plazo de 30 días; la PGU actual no exige cotizaciones (condicionarla a “4 UF al año” es propuesta, no ley); y la rebaja inmediata de 30–40% en cuentas de luz para hogares no es hoy viable sin portabilidad eléctrica residencial ni resolver el cuello de botella de transmisión. Sobre la pena de muerte, la evidencia comparada no prueba efecto disuasivo, y los descensos de
homicidio en experiencias de “mano dura” se explican por múltiples factores y arrastran severas alertas de DD. HH.
Columna de opinión: Ignacio Clark
Fuente fotográfica la tercera
