
El lema que promueve la Municipalidad de Pudahuel es “por el buen vivir”. Sin embargo, lo ocurrido este 1 de septiembre de 2025 demuestra que esa consigna parece quedarse solo en los carteles y en los discursos oficiales.
Ese día, don Óscar Enox Sánchez Daza, adulto mayor, comerciante del Persa San Francisco, acudió como cada mes a cumplir con su obligación: pagar el permiso municipal que le permite trabajar en el giro de material en desuso. El valor del permiso asciende a $8.465 pesos, una cifra modesta, pero indispensable para seguir en regla.
Lo que debería haber sido un trámite simple se transformó en un laberinto burocrático. En la caja municipal le informaron que su permiso estaba bloqueado por no haber pagado dentro de los últimos cinco días hábiles de agosto. Para solucionarlo, debía trasladarse hasta dependencias en calle Heráldica, a más de un kilómetro de distancia del edificio central ubicado en San Pablo con Los Ediles.
De la oficina del concejal a Heráldica
En ese momento me encontré con don Óscar en el municipio. Al conocer su situación, lo acompañé a la oficina del concejal Cristian Mallea, quien de inmediato mostró preocupación y disposición para ayudar. Finalmente, nos trasladamos todos juntos en mi vehículo hasta Heráldica para intentar resolver el trámite.
Lo constatamos personalmente: largas distancias, gastos adicionales y oficinas sin asientos de espera, un escenario indigno para adultos mayores como don Óscar.
En el trayecto, nos cruzamos con la vecina María Teresa Lagos, quien había gastado $3.700 en taxi solo para llegar. Ella lo resumió con una frase clara y contundente: “Sale más caro el viaje que el permiso”.
Antes era sencillo, hoy es un calvario
Hasta hace unos años, el desbloqueo se realizaba en el mismo municipio: bastaba caminar unos 150 metros desde la caja hasta fiscalización. Hoy, en cambio, los vecinos deben recorrer kilómetros y gastar dinero que, en muchos casos, supera el valor del propio permiso.
Una carga injusta
El caso de don Óscar refleja una carga desproporcionada e injusta para los comerciantes del Persa San Francisco, muchos de ellos adultos mayores con recursos limitados. Lo que debería ser un trámite expedito se ha convertido en una odisea que atenta contra el patrimonio, el tiempo y la dignidad de los vecinos.
¿Buen vivir?
Si la Municipalidad de Pudahuel quiere sostener con seriedad su lema de “por el buen vivir”, debe revisar con urgencia este procedimiento. De lo contrario, la frase seguirá siendo un mero adorno, vacío de contenido, frente a realidades que muestran todo lo contrario.
El Estado debe estar al servicio de la persona humana y no al revés. En Pudahuel, los vecinos merecen un trato justo, digno y verdaderamente orientado al buen vivir.
Columna de Opinión: Ignacio Enrique Alarcón Benavides
