
Pudahuel, Santiago de Chile. 27 de septiembre 2025. (colmna de opinión) Que la rutina de los días, la campaña presidencial ni ninguna otra distracción nuble la mente de los chilenos al punto de normalizar situaciones aterradoras como la que vivió Antonia Carrasco (Q.E.P.D.), el 24 de septeimbre en Santiago, quien lamentablemente se convirtió en la víctima número 26 de un conteo atroz que realiza el Estado cada año. Este número significa que antes de ella, otras 25 mujeres ya fueron asesinadas a manos de quienes en algún momento fueron importantes en sus vidas: maridos, parejas, ex parejas, incluso padres de sus hijos.
Antonia tenía medidas cautelares. Eso quiere decir que el Estado había intervenido en un proceso de familia o penal y le había otorgado protección. Pero no es suficiente. Dictar mediante una resolución que el agresor no se acerque a la víctima es, en la práctica, una mera formalidad sin resultados reales.
Chile requiere con urgencia un plan de acompañamiento efectivo para mujeres víctimas de violencia intrafamiliar. Y cuando digo efectivo, quiero decir verdaderamente efectivo. Esto se traduce en contar con un delegado personal, acompañado de especialistas en leyes, psicólogos y asistentes sociales, que en turnos visite a la mujer. Ese solo hecho ya significa que ella no está sola, que tiene a alguien, y el agresor de inmediato retrocede porque ya no la percibe indefensa ni a su merced.
Nuestro país dota al alicaído Ministerio de la Mujer y Equidad de Género de un presupuesto escuálido, insuficiente para enfrentar el problema, miserable incluso, y que lamentablemente termina ocupándose en menesteres muy distintos a la protección de las mujeres.
En este escenario, los municipios pueden marcar la diferencia con planes que, de la mano de la fiscalía y los tribunales de familia, cooperen en la idea de un acompañamiento efectivo para sus vecinas con medidas cautelares. Solo así se puede contribuir a su cuidado y protección. Los países que han adoptado políticas de este tipo han logrado, de a poco, reducir la macabra cifra que convierte a nuestras mujeres en un simple número.
Por: Cristian Norambuena (Columna de opinión del abogado pudahuelino)

