Pudahuel, “lugar donde se juntan las aguas”, ya dejó de ser la comuna destinataria de viviendas sociales, y ha pasado a convertirse en uno de los nodos de la red de ciudades globales que se encaminan hacia el desarrollo. No es casual ni tampoco es obra de una persona en especial. La actual situación de Pudahuel, a pesar del estigma de la contaminación es el resultado de una combinación virtuosa de factores.
En efecto, en primer lugar, la presencia atractiva del aeropuerto internacional. Es un lugar común, entre los urbanistas modernos, decir que los aeropuertos son al desarrollo de un país lo que en el Siglo XIX fueron los puertos. Lugares de encuentro de múltiples culturas, que requieren múltiples servicios y que, favorecen, que duda cabe, la creación de aglomeraciones urbanas modernas capaces de proveer los servicios de todo tipo que requiere la actividad aeroportuaria. Basta ver ENEA.
En segundo lugar, una accesibilidad espectacular. Hoy es posible acceder a cualquier punto terrestre a través de las múltiples vialidades que cruzan y privilegian a Pudahuel. El Cono Sur es hoy un destino terrestre posible para el intercambio de mercaderías necesarias para la vida.
En tercer lugar se ha convertido en un destino apetitoso para el interés inmobiliario. En esto hubo un acierto, circunstancial, de la administración local que en su momento logró entender que no era posible dejar que el mercado operara sin regulación y, mediante una innovadora metodología participativa, la Comisión Mixta, que tuve el privilegio de dirigir, se creó quizás si la más grande contribución para el desarrollo urbano futuro de este país: Los Proyectos de Desarrollo Urbano Condicionados (PDUCs), que serán tema de otra columna. Pero ese momento pasó, los PDUCs no han sido entendidos por los burócratas del sector público central ni local y todavía esperan, después de siete años, un destino distinto.
La administración local no estuvo ni ha estado a la altura de la suerte de los PDUCS y simplemente tuvo con los promotores una relación instrumental, tan sólo se ocupó de extraerles el máximo provecho dejándoles, con posterioridad, solos contra el mundo. Naturalmente ello ha motivado que los promotores inmobiliarios intenten obtener por otras vías lo que la norma inoperante no ha podido brindarles y han encontrado respuestas que no siempre están en la línea de lo que los PDUCs proponían. Esa respuesta, del tipo resquicio legal, abusando del artículo 55 de la Ley General, está contraviniendo flagrantemente el espíritu que alguna vez animó la planificación urbana de Pudahuel.
En cuarto lugar, y quizás si lo más preocupante, es que se está consolidando por la inacción más que por la natural cultura de segregación social propia de los chilenos, dos realidades diferentes, antagónicas podríamos decir, entre el Pudahuel que nace y el Pudahuel histórico. Ello es negativo pues los nuevos residentes de urbanizaciones de mejor calidad no pueden ni deben sentirse superiores o diferentes del resto de Pudahuel sólo por su mejor condición económica. Hace falta una agresiva política de integración social y territorial promovida desde la administración pues el encuentro y la construcción de una identidad común no se produce por motivos espontáneos.
Por último, y esto podrá parecer una obsesión para los lectores que me han seguido, pero el abandono del sector rural además de torpe es contraproducente y expresión de una falta de visión en la sustentabilidad. La preservación de la cultura rural, la protección de los paisajes naturales, de la flora y fauna, como patrimonio natural y ambiental, es una obligación moral y de vida con el futuro.
Habrá que ver que es lo que dice al respecto el nuevo Plan de Desarrollo Comunal, para saber si la administración está consciente de estos desafíos o sólo sigue la corriente del anquilosamiento burocrático que ha caracterizado el actuar errático de los últimos años.
Por Luís Marín Salazar, Sociólogo. Presidente ONG CIPDEL
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