Por: Catalina Contreras Tuninetti
El retorno a clases presenciales post pandemia ha expuesto una problemática que había estado presente durante los últimos dos años en los que el Covid-19 repercutió con mayor fuerza en el país. El aumento de comportamientos violentos y la falta de aprendizaje son parte de las dificultades que se han desarrollado con gran magnitud este 2022.
La violencia por parte de los estudiantes, la ausencia, deserción y el rezago con la lectura son algunos de los problemas que se han presentado tras el retorno a clases en las escuelas. Lo que también, se ha convertido en un desafío tanto para las autoridades, como para los futuros ciudadanos que se están formando en el país.
Desde antes de la pandemia, se hablaba sobre la desgastada salud mental que tienen las personas pero, tras la cuarentena, la situación empeoró. Muchos psicólogos advirtieron que se veía venir, pero no se tomó en cuenta del todo.
El entorno social, económico, familiar y educativo, son causas fundamentales para el desarrollo de un infante. Si estos no son estables, pueden desatar graves comportamientos que en la vida adulta pueden afectar el bienestar mental de la persona, teniendo que convivir con trastornos psicológicos que disminuyen fuertemente la calidad de vida.
“Debido a los confinamientos nacionales y a las restricciones de movimiento relacionadas con la pandemia, los niños han perdido un tiempo valioso de sus vidas lejos de la familia, los amigos, las aulas y los lugares de recreo, que son muy importantes durante la infancia. Las consecuencias de la pandemia tienen un gran alcance, pero son sólo la punta del iceberg. Incluso antes de la pandemia ya había demasiados niños abrumados por el peso de una serie de problemas de salud mental a los que no se les había prestado atención. Los gobiernos están invirtiendo muy poco para atender estas necesidades esenciales. No se está dando suficiente importancia a la relación entre la salud mental y las consecuencias que se producen más adelante en la vida”, sostiene Henrietta Fore, Directora Ejecutiva de Unicef.
Hasta el año 2021, según señala la Unicef 1 de cada 7 adolescentes de entre 10 a 19 años sufre un trastorno mental diagnosticado. Además, una de las causas principales de muerte dentro de este rango de edad, es el suicidio, son alrededor de 46.000 casos presentados al año en el mundo.
La salud mental, aparte de ser un problema a nivel mundial, también es uno de los asuntos más olvidados por los Gobiernos de los diferentes países que rodean la Tierra. Tan sólo el 2% de los presupuestos de salud están enfocados en está causa. En el caso de Chile, tras la aprobación del Presupuesto de Salud 2022, el monto suponía alcanzar un incremento de un 11.7% sobre el año 2021. Mientras que, en el caso particular de la salud mental, esta premisa tenía que tener un crecimiento de 67%.
Sin embargo, queda un largo camino por recorrer. La pandemia repercutió de una manera muy abrupta en la sociedad, tanto física, como psicológicamente. De hecho, 1 de cada 7 niños se ha visto fuertemente afectado por los confinamientos, causando que más de 1.600 millones de infantes tengan pérdidas en el ámbito educacional.
Por otro lado, el hecho de verse obligados a cambiar su vida completamente, las rutinas, la forma de educarse, la socialización, etc. Como también algunos factores externos como lo son: los ingresos económicos y la salud física, afectada por un virus no antes visto. Se convirtieron en una fuente clave para que muchos niños, adolescentes y jóvenes presentaran mayores sentimientos de miedo, rabia y preocupación por la incertidumbre de que depararía el futuro, esto según señala el Estado Mundial de la Infancia 2021.
Este último estudio es de carácter mundial, pero ¿Qué ocurre en Chile? Se da por hecho que la pandemia fue una causa importante para el deterioro de la salud mental de los niños, pero como se había mencionado con anterioridad, este es un problema que siempre ha estado presente y se ha estudiado desde hace mucho tiempo.
En el año 2012, el estudio Salud Mental Infanto-juvenil en Chile y Brechas de Atención Sanitarias reveló las primeras falencias psicológicas presentadas entre los 4 y 18 años de edad. En donde, se demostró que un total de 22.5% de la población sufre enfermedades mentales siendo en su mayoría mujeres, marcando un total de 25,8%. Mientras que los hombres representan un 19,3% de los padecimientos.
En la actualidad, las cifras han ido en aumento, tras la pandemia las repercusiones están relacionadas en parte a las emociones sentidas durante la cuarentena. En donde, la mayoría sintió: aburrimiento (63%), ansiedad, estrés (41%), molestia y frustración (35%).
En esa misma línea, las familias declararon que el 61% presenciaron reacciones negativas (pataletas) en sus hijos e hijas. Mientras que, un 42% presentó mayor inquietud e hiperactividad, y el 73% generó mayor dependencia hacia los padres o adultos responsables, según señala el Impacto de la Pandemia por COVID-19 en la Salud Mental de Preescolares y Escolares en Chile, 2021.
Durante 2019, 1900 personas se suicidaron en Chile, de esa cantidad 96 eran niños, niñas y jóvenes, representando el 5,1% de los casos. Donde, el 74% correspondió a hombres, y un 26% a mujeres. Según los datos del Departamento de Estadística e Información de Salud (DEIS), Minsal.
El suicidio sigue siendo una de las principales causas de muerte en adolescentes en Chile. Este año, las hospitalizaciones relacionadas a pensamientos suicidas en personas de entre 10 y 19 años, tuvieron un aumento de un 57%, con respecto a los años anteriores. Una situación preocupante, teniendo en cuenta, que tras el Informe Anual de Derechos Humanos de la Universidad Diego Portales 2022, se reveló que más de 14 mil niños y jóvenes se mantienen en lista de espera para poder recibir atención psicológica.
Además, la Red Pública de Salud Mental, hasta el año 2020 tenía un equipamiento en el área, compuesto por 2.000 establecimientos de Atención Primaria, 100 Centros de Salud Mental Comunitaria (COSAM). Mientras que, en el nivel secundario y terciario existen 12 Hospitales de Día Infanto-adolescentes con 185 plazas en total, y 20 Unidades de Hospitalización Psiquiátrica Infanto-Adolescente (UHCIP-IA) que tiene 188 camas. Pero, debido al efecto de la pandemia, el Minsal reveló que hubo una disminución de 56,9% de las atenciones de personas entre 0 a 19 años.
Estás han sido algunas de las repercusiones que afectan a las infancias del país, pero es sólo el inicio de todo. Ya que, muchos niños han presentado comportamientos fuera de lo que se veía con anterioridad. Al comienzo de las clases, hubo una explosión de casos relacionados a peleas violentas entre estudiantes, autoagresiones, intentos de suicidio, etc. La Superintendencia de Educación, sostuvo que este año aumentaron un 21,7% las denuncias de maltrato físico o psicológico entre los propios estudiantes respecto a 2018 y 2019.
“Hemos estado sometidos a situaciones de violencia desde hace ya años, quizás décadas, que ha ido escalando, modelos violentos que se han ido reproduciendo, interacciones violentas que los jóvenes han ido reproduciendo, padres, madres, y eso sumado además al tema de pandemia tiene una especie de olla a presión”, señala la profesora Liliana Fuentes de la Universidad de Chile.
Algunos de los casos más polémicos que se han presenciado es el del Liceo Industrial Benjamín Franklin de Quinta Normal, en donde la mañana del día 28 de marzo, se difundió un video dando amenaza sobre un supuesto tiroteo escolar que se efectuaría al interior del recinto, lo que derivó a cancelar las clases del lugar.
Otro episodio que fue bastante mediático, fue el caso de los estudiantes del Liceo José Victorino Lastarria de Providencia, en donde, los alumnos de 3º y 4º medio, crearon un chat grupal de Instagram para organizar agresiones sexuales grupales en contra de estudiantes de diversas escuelas de la Región Metropolitana.
Así como estos, también hubieron sucesos que involucraron de ataques con armas cortopunzantes, como el caso del profesor de religión del Liceo Industrial Las Salinas de Talcahuano que resultó apuñalado por la espalda tras una riña entre estudiantes. O el reciente caso del alumno del Instituto Nacional que terminó herido realizando un show artístico al interior del colegio.
“Esto es claramente un número superior al que se había presentado en años anteriores. Lo que nosotros tenemos, al menos como una tesis importante en el inicio, es que la vuelta abrupta a la presencialidad durante 8 horas, jornada escolar completa, provocó un estallido de violencia, dado que hubo dos años permanentes en que los niños no estuvieron vinculados comunitariamente”, mencionó el ministro de Educación, Marco Antonio Ávila.
No sólo la violencia ha sido un problema que ha ido en aumento, sino que también, debido a la falta de socialización, los niños más pequeños han presentado dificultades, tanto para relacionarse con sus compañeros como para comprender el contenido correspondiente a su edad de desarrollo.
Respecto a esto último la psicóloga Daniella Mirone del Centro de Atención Psicológica de la UAHC, comenta su opinión sobre cuál podría ser el factor detonante de estas problemáticas. “Una vez insertos en el sistema educativo, pareciera ser que el éxito académico se liga a los contenidos y no a lo más fundamental que podría entenderse como la socialización. Así es como se produce uno de los quiebres más dramáticos de la educación, que es entrar a primero básico en el que aprecian dificultades para los niños como adecuarse a horarios o metas como aprender a leer de forma abrupta”.
Por otro lado, el ausentismo escolar también se ha llegado a considerar como crónico. Ya que, el aumento que tuvo estos últimos meses, podría llegar al 89% en el mes de diciembre. Dentro de los sectores más afectados por este fenómeno, está la Región de Coquimbo, que ha presentado los mayores índices de inasistencia 32.5% versus un 67,5% de asistencia.
Un hecho, que ha llegado a los niveles más bajos de la época, ya que de los 1,2 millones de alumnos matriculados, el 39%, unos 470 mil aproximadamente, presenta una inasistencia grave menor al 85% requerido, lo que empeora en el caso de los niños de kinder y prekinder.
Una cifra alarmante, ya que también existe una despreocupación por parte de los padres, según una encuesta realizada por la Fundación Educacional Presente, que estimó que de los 6 mil apoderados de establecimientos escolares públicos y subvencionados, el 44% piensa que asistir a clases no influye en lo que niños, niñas y adolescentes quieren lograr en la vida.También fueron encuestados alrededor de 4 mil estudiantes y entre ellos la cifra aumentó a un 54% respecto a los papás.
Una crisis educacional que deja expuestos los fuertes estragos de la pandemia, como la deserción, que es otro tema inquietante, debido a que el informe del Centro de Estudios del Mineduc, señaló que alrededor de 50 mil alumnos que estaban matriculados en algún establecimiento educacional durante el 2021, abandonaron sus estudios este año, sumándose a los 227 mil que desertaron desde 2004 a 2021, de entre 5 y 24 años.
Además, dentro de los recintos escolares, a través de una medición, en donde participaron 725 establecimientos, se estimó que el 79% de los directores percibieron un fuerte deterioro mental en el alumnado, sobre todo en los jóvenes de enseñanza media, ya que la cifra llegó al 77%.
En la segunda Encuesta Nacional de Monitoreo de Establecimientos Escolares en Pandemia del año 2022, elaborada en conjunto por investigadores de la Escuela de Gobierno UC, el Instituto de Sociología UC y el CIAE de la Universidad de Chile y con el apoyo de la Fundación BHP, se descubrió que el 84% de las autoridades de los establecimientos, afirman un fuerte rezago en la lectura y el lenguaje, siendo está cifra aún mayor para los alumnos de primero a cuarto básico.
Una serie de problemáticas que pueden ser perjudiciales para la vida de los niños, niñas y adolescentes. Ya que, este tipo de conductas o retrasos en el desarrollo común de los infantes, puede desatar trastornos psicológicos o abuso de sustancias a temprana edad, algo que ya ha estado presente en la sociedad, con gran magnitud. De hecho, Chile es uno de los países que posee mayor tasa de consumo de estupefacientes menores de edad. Es por eso que, algunos especialistas señalan que es de suma urgencia implementar programas de salud mental enfocados específicamente en está parte de la población.
“Es urgente el dar prioridad al robustecimiento de la red de salud mental pública, que asegure el acceso, pero sobre todo, la calidad del servicio. En Chile estamos en la Fase -1, porque ni siquiera estamos accediendo, entonces es necesario que lo hagamos pero además con ciertos estándares de calidad. Para eso necesitamos formar profesionales para que trabajen con niñas y niños y eso debe pasar ahora”, menciona el sociólogo de la Universidad de Chile, Nicolás Contreras.
Asimismo, el Estado Mundial de la Infancia 2021, en su informe pidió a los gobiernos medidas de apoyo a los jóvenes, para sobrellevar la crisis actual. Entre estas se mencionó:
Invertir en la salud mental de los niños y adolescentes en todos los sectores, no sólo en el de la salud, para apoyar un enfoque basado en la prevención, la promoción y el cuidado que abarque a toda la sociedad.
Integrar y ampliar las intervenciones basadas en pruebas en los sectores de la salud, la educación y la protección social, incluidos los programas de crianza que promueven una atención sensible y enriquecedora y apoyan la salud mental de los padres y cuidadores; y garantizar que las escuelas apoyen la salud mental mediante servicios de calidad y relaciones positivas.
Romper el silencio que rodea a las enfermedades mentales, afrontando el estigma, promoviendo una mejor comprensión de la salud mental y tomando en serio las experiencias de los niños y los jóvenes.
Respecto a la problemática de la violencia escolar, algunos expertos creen que los espacios de conversación pueden ser un factor clave, ya que las medidas de prohibición, como castigos, no son una opción viable para enfrentar este conflicto.
“Por ningún motivo se tienen que tomar medidas coercitivas. Eso le mete más presión al sistema, es decir, castigadores, sancionadores, yo creo que todo lo contrario, soltar un poco la presión. Hay que tener una mirada crítica que nos permita poner el acento en evitar a futuro lo mismo, porque esto probablemente empezó de una manera en que se pudo haber evitado, algo pequeño fue escalando, fue creciendo, entonces tratar de, en esta jornada de reflexión, analizar situaciones sobre cómo empezó, cómo se generó esto y, en ese momento, tratar de cambiarlo”, recalca Liliana Fuentes.
Además, en el caso del rezago de aprendizaje y deserción escolar, la decana de la Facultad de Educación de la Universidad San Sebastián, Ana Luz Durán, señala que una de las soluciones es “darle importancia a la prevención, reteniendo a los escolares por medio de incentivos. Los equipos deben tener recursos para financiar programas en ese sentido, pues reinsertar siempre es mucho más difícil”.
Mientras que desde el Mineduc mencionan que: “hay que hacer un trabajo personalizado, yendo a buscar uno a uno a los estudiantes que están fuera del sistema para reinsertarse. Y esto debe contar con financiamiento constante y no puede tener una dimensión política”.
Para esto último, también es necesario el apoyo psicológico, para dar apoyo e incentivo a quienes deben o quieren dejar abandonados los estudios, en relación a la situación social y económica que están viviendo los estudiantes.
Por otro lado, para mejorar la salud mental del país, es necesario invertir lo suficiente para que los recintos de ayuda psicológica tengan los recursos necesarios para realizar la labor. Algo que no se estaría cumpliendo para el año 2023, ya que la Confederación Nacional de la Salud Municipal (Confusam) tuvieron que realizar un paro de 24 horas, debido al rechazo que tuvieron en contra del bajo presupuesto que se estableció para la salud primaria del próximo año.
Por lo que, es importante seguir los consejos de los expertos para comenzar a sobrellevar la nueva pandemia que desató el Covid-19. La crisis en la salud mental de los más pequeños es un asunto urgente para el Gobierno actual, para que a futuro exista una sociedad conformada por personas capaces de cumplir las funciones que se requieren para un mejor vivir.

