Por Paula Bobadilla S.
Cuando falta menos de un mes para las elecciones presidenciales y a nada de haber conmemorado un nuevo aniversario del estallido social, el sector poniente, principalmente los vecinos y vecinas de Cerro Navia y Pudahuel todavía sufren las consecuencias del 18 de octubre de 2019, ese que desnudó a un Chile desolado y abusado por el capitalismo neoliberal durante décadas. Y junto a ese despertar también quedó al descubierto la pugnada de la desigualdad, ese que hace caminar kilómetros y kilómetros por un remedio o producto de supermercado.
Muchos, fueron testigos de la perdida de sus centros de abastecimientos debido a que estos fueron saqueados, vandalizados y quemados, sin que nadie pudiera hacer nada, lo que ahora resulta toda una odisea encontrar un supermercado en la comuna, bueno, porque simplemente no hay en Cerro Navia, es más, las propias autoridades de turno se han encargado de comunicar, que no están dispuestos a entregar “nuevamente” esos terrenos, como es el caso del otrora supermercado Líder, ubicado en Teniente Cruz con San Francisco, el cual fue saqueado y quemado durante la revuelta social.
Pero ¿por qué los vecinos no pueden volver a tener un nuevo supermercado en la comuna? ¿Por qué estos no tienen acceso a grandes cadenas comerciales? Acaso el sector poniente no vota en las urnas. O mejor aún, por qué los presidenciables nunca se han pronunciado al respecto. Será que los ciudadanos del sector poniente somos de otra categoría, y nuestro voto pesa menos que el de aquellos que viven en otros barrios.
Es verdad, el estallido social fue un grito desesperado, el grito de años de silencio, donde los chilenos hemos vistos como se reparte mal la torta.
Los 30 pesos del Metro fue la gota que rebalsó el vaso, la instancia y la excusa perfecta para terminar con los 30 años de injusticias sociales. Pero es lamentable que el pueblo siempre salga perjudicado en todo… Por ejemplo, que culpa tiene una señora o un señor con dificultades para caminar, que luego del “despertar social” sus supermercados” hayan sido quemados o saqueados, y que estos no tengan la intención de ser reabiertos, ni mucho menos de ser reconstruidos por ninguna autoridad. ¡Ninguna!
Por ahora, solo queda esperar que la torta algún día se reparta más equitativamente, y que él o la gané las elecciones en noviembre no sea más de lo mismo, ya que Chile se cansó hace rato de promesas incumplidas, solo quiere vivir en un país donde el Estado y sus políticos sean capaces de garantizar los derechos mínimos, como son la salud, la educación, la vivienda, seguridad, pensiones dignas y una mejor calidad de vida para todos, y que obviamente no existan más ciudadanos de primera y segunda categoría, y que la reconstrucción llegue algún día para todos.


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