En el programa “Dispersos” conversamos con Jonathan Quintanilla, director del Hogar de Menores Andino de Calama, quien vivió en Pudahuel por muchos años y estuvo internado en el CREAD Pudahuel a corta edad.
Por Aracelly Bravo Saavedra
Pudahuel y Cerro Navia, Santiago de Chile, 12 de agosto 2021. Cuando Jonathan Quintanilla tenía 5 años, su madre estaba hospitalizada producto de una grave enfermedad y su padre no podía hacerse cargo de él y su hermano. Por eso, ambos fueron enviados al Servicio Nacional de Menores ubicado en la calle El Cobre con El Salitre, en Pudahuel. Un año de estadía bastó para que Jonathan, pese a su corta edad, recordara la experiencia más amarga de su vida. Hoy, lleva cuatro años como director del Hogar de Menores Andino de Calama, donde su vivencia en carne propia le ha servido para guiar el lugar.
Jonathan Quintanilla fue uno de los invitados al programa Dispersos de Tropezón, que en su sexto capítulo estuvo enfocado en lo social. “Lamentablemente el trato, la forma, la capacitación de los funcionarios, la inversión del Estado… Lo que pasaba hace 30 años, sigue pasando. Esta es una escuela delictual. Así de claro”, declara Quintanilla, y agrega: “La gran mayoría de las personas que tenían tremenda capacidad eran niños que podían haber tenido otra formación, pero cayeron en el círculo de la delincuencia, de la droga u otros temas”.
Este maestro de profesión denuncia que: “El Sename no invierte en los niños. La subvención que el Estado entrega hacia los hogares de menores para mantenerlos, es relativamente baja. También no hay mayores requisitos de ingreso para ser monitores. Por tanto, a menor costo, contrata gente que no está calificada y pasan estas situaciones que hoy estamos viendo”. Para solucionar esto, “necesitamos inversión del Estado, cambios de infraestructura, capacitación de personal y una visión de futuro para que estos chicos tengan una mayor proyección”.
El otro invitado al programa fue Benjamín Gajardo, director ejecutivo de la ONG Centro de Inclusión Sociocultural, que lleva dos años trabajando e interviniendo en las comunas, particularmente del sector sur de la Capital. Con respecto al Sename, Gajardo afirmó que: “No hay que cambiar solamente un nombre. Hay que cambiar el marco regulador totalmente. En la Convención de los Derechos del Niño, a los niños se les menciona como sujetos de derecho, no como un producto que se puede intercambiar y derivar a diferentes instituciones. Creo que el trabajo con niños, niñas y adolescentes debería ser mucho más fuerte desde la historia de vida y desde poder reflexionar y ver todo el proceso”.
Actualmente la ONG Centro de Inclusión Sociocultural trabaja en el sector sur de la Capital, particularmente en un campamento en la comuna de Cerrillos. De las 13 tomas que componen el campamento, 9 de ellas cuentan con dirigentes, pero solo 2 son de nacionalidad chilena: “Lo rico de este campamento es la multiculturalidad que se encuentra ahí, ya que el 60% es de nacionalidad haitiana”.
Antes de ser un campamento, este espacio era ocupado como un vertedero, lo que es un peligro latente para las cerca de 13 mil personas que ahí habitan, dados los incendios subterráneos. Pero “la otra fase que viene después de vivir en un campamento, es vivir en la calle”, por lo que estas personas no tienen muchas opciones, según cuenta Gajardo, y agrega: “El Estado solicita muchos requisitos para acceder a un subsidio para la vivienda, a diferencia del campamento, pero recordemos que los campamentos hoy están cobrando, cobran por espacio, por terreno. Así que también es otra complicación que se genera, pero no con las mismas que genera el subsidio”.
Finalmente, el director del Sename de Calama, Jonathan Quintanilla dijo que: “Se cree que por vivir en campamento el chico o chica va a futuro delincuente y no es así. Tampoco por vivir en un hogar de menores. Pero hay que invertir en capacitación, en recursos y en apoyo técnico”.

