La niña autista es invisible

La niña autista es invisible

Por Francisco Espinoza Rivas

Psicólogo, Mg. Gestión de Organizaciones

En 2016 conocí a Fabiana, actualmente tiene 15 años, vive en Santiago de Chile y como hobbie está aprendiendo a usar Adobe Photoshop en su computadora para diseñar y dibujar, que es lo que más le apasiona. Ella refiere que “las personas con autismo no somos iguales, todas tenemos intereses distintos y percibimos las cosas de diferente manera”.

El 2 de abril se conmemora el día mundial de concientización sobre el trastorno de espectro autista (TEA), nos realizamos la siguiente pregunta: ¿cómo están viviendo este confinamiento miles de niñas y adolescentes en el país?

El trastorno por espectro autista (TEA) es una afección neurobiológica y del desarrollo que tiene su inicio en la niñez y permanece durante todo el ciclo vital, afecta principalmente la comunicación  e interacción social. Se llama “espectro” porque existe una variación de síntomas de acuerdo a la diversidad de personas que poseen el trastorno, y pese a que aún en Chile no se realiza un estudio concluyente de cuantas personas viven con TEA, se estima que al menos 1 de cada 100 personas presentaría la afección.

Fabiana al igual que miles de mujeres están expuestas a una doble discriminación, por género y discapacidad. Mundialmente las niñas tienen menos posibilidad de tener una educación de calidad y en el peor de los casos, se les niega acceder a ella. Inclusive para conseguir cupos laborales existe una fuerte discriminación; según la Dirección Del Trabajo de Chile (DIT) las mujeres representan un tercio de la fuerza laboral en el país, ¿cuántas de ellas tendrá autismo? ¿Cómo mejoramos su calidad de vida?

El diagnóstico temprano es el consenso de la comunidad científica como clave para mejorar la vida de estas personas, pero nos encontramos con una gran barrera: muchas mujeres son diagnosticadas en etapa adulta o por lo general, mucho más tarde que los hombres, ¿Por qué? Los sesgos de género se basan la expectativa de que la niña se relaciona de una manera determinada, que su juego es más tranquilo y su naturaleza es más “tímida”, esto nos podría estar llevando a falsos negativos entre niñas pueden tener TEA y no se diagnostican. Sin olvidar, que mayoría de los estudios científicos apuntan generalmente a hombres, la niña autista es invisible.

En un contexto sanitario cambiante, con horas medicas y traslados limitados, imposibilita a personas como Fabiana a continuar sus tratamientos, sin dejar de lado el cierre de su colegio que la dejó sin su terapeuta. Comprensión y respeto es lo que necesitan las personas con TEA, cuando salir a la calle en medio de una pandemia no es un simple capricho, las mujeres con TEA necesitan cambiar los ambientes monótonos y cerrados en los que hemos vivido este ultimo año, puesto que esto supone una carga psicológica exacerbante.

Es importante que protejamos los derechos de las mujeres autistas, el derecho a ser ellas mismas, a celebrar sus diferencias libres del estigma social y la discriminación.

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