Columna de opinión: Pandemia, consecuencias silenciosas en el plan nacional de salud mental

Columna de opinión: Pandemia, consecuencias silenciosas en el plan nacional de salud mental
Javiera Soto, pudahuelina y estudiante de Administración Pública

¿Te has sentido decaído?, ¿has experimentado en alguna ocasión dificultades para conciliar el sueño producto de las preocupaciones? Probablemente no seas el único. La presencia del Coronavirus ha obligado a muchos a vivir en aislamiento social, lo que ha ocasionado cambios en nuestras rutinas. Trayendo como consecuencia que nos veamos afectados en nuestro bienestar por temas internos y externos provocando una incertidumbre generalizada, reflejándose en nuestros estados de ánimos.

Pero esta situación, ya se encontraba presente años anteriores, donde según cifras arrojadas por la Organización Mundial de la Salud en el año 2017, un millón de chilenos sufría de ansiedad y 850 mil presentaban depresión. Los índices apuntaban a la alta carga asociada a endeudamiento, problemas económicos, largas horas de transporte, bajos sueldos, violencia de género, bajas pensiones entre otros factores multidimensionales.Debido a ello la OMS recomendaba a Chile a avanzar en una Ley de Salud mental y poner atención a los bajos montos asignados para esta problemática, donde el gasto público en relación con los países desarrollados, llegaba sólo al 2,4% del gasto total en salud, muy lejos de la recomendación mínima. Como respuesta se implementó en el país un Plan de salud mental con objetivos estratégicos y metas a cumplir en el plazo de los años 2017-2025 para hacer frente a la situación por medio del efectivo tratamiento psicológico, reducción de las brechas y el retraso en los tratamientos de manera temprana.

Si antes el plan anual, ya encontraba dificultades para reducir los índices de enfermedades mentales, ahora se suman los efectos que la pandemia reflejado en una crisis social y económica detonando el aumentando de problemas a la salud mental en aquellas personas que antes no presentaban síntomas. Según la Encuesta Termómetro Social publicada en junio del presente año, en relación con el confinamiento “las emociones predominantes entre las personas apuntan a la rabia (30,4) miedo (27,4%), tristeza (23,8%), sorpresa (10,9%), muy por debajo figura alegría (1,95%). Se observan dos relaciones: a mayor ingreso, más rabia y a menor ingreso, más miedo y tristeza”.

Es de esperar que el desempeño anual del plan, las metas asociadas, y los indicadores a cumplir este año, no se lleven a cabo de manera normal. El acontecer amerita reformulaciones debido a que muchas personas han agudizado su situación psicológica o han presentado síntomas de ansiedad o depresión, lo que genera un panorama difícil para su cumplimiento, y sumado a ello los recursos asignados para su financiamiento probablemente no resulten ser suficientes. Se entiende que se vienen muchos cambios en el país y espero que el plan de salud mental logre concretarse a pesar de lo incierto que parece ser el futuro. Es importante que no se reduzcan ni se vea afectado presupuestariamente y que el Estado logre entender que se debe considerar la salud mental como una forma de mejorar la calidad de vida y que por tanto es igual de valiosa que las cifras económicas que tanto se mencionan que deben de ser cuidadas.

Por Javiera Soto, pudahuelina y estudiante de Administración Pública

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