

“Queremos vivir bien y felices, y no caer en un sistema que no ha podido dar respuesta”, comentó Renato, vecino y uno de los encargados de la toma de terreno. Tropezón compartió un día con las más de 150 familias que hicieron de este sitio abandonado y lleno de escombro, un lugar para vivir en comunidad.
Cerro Navia, Santiago de Chile, 10 de junio 2019. Al final de la calle Carrascal, a pasos de Américo Vespucio, nos encontramos con un portón de madera y, a su costado, la enumeración y un aviso para los visitantes que indica que son una organización rotativa horizontal, es decir, no existe un líder. La toma 17 de mayo que de a poco comienza a ser un emblema.
Mientras ingresamos al terreno, nos sorprendemos con la gran cantidad de mediaguas o casa que los vecinos hicieron con sus propias manos, se siente y se ve organización, mientras la división de los terrenos son marcados con cordeles con medidas igualitarias de 14 por 29 metros.
Seguimos avanzando y vemos a unos vecinos como martillan y hacen ajustes a sus modestas casas. Nos acercamos y preguntamos por algún representante que nos cuente de la toma del terreno que lleva aproximadamente un mes. Gentilmente, una señora nos indica el nombre de Renato, que vive a unos metros más allá por el camino.
Nos acercamos a él. Un joven de unos 25 años aproximadamente, quien accede a conversar con Tropezón, pero antes debe reparar un arranque de agua potable para entregar comodidad a una de sus vecinas más queridas: La “ñañita”, de 74 años.
Renato, ¿por qué están acá? Fue la primera pregunta que le hicimos. “Somos vecinos de la comuna y tenemos amor por el lugar, este era un sitio botado lleno de basura y escombros. La tierra es de quien la merece no del que la posee”, nos respondió con evidente emoción.
¿Cuántas familias son parte de esta comunidad?
“Somos ciento cuarenta y cinco, donde se incluye comunidades mapuches y personas extranjeras. Hoy contamos con agua potable que nos abastece una familia que colinda al terreno. La energía eléctrica la tomamos del tendido y los servicios de baño lo hacemos en un pozo”.
¿Han recibido ayuda o respuestas del municipio?
“Nada. Solo nos ayudamos entre nosotros”.
¿Qué se viene hacia adelante?
“Queremos vivir bien, ser felices y no caer en un sistema que no ha podido dar respuesta a la solución habitacional. Participar de un comité de allegados, es esperar más de 10 años y mientras tanto los dirigentes te sacan dinero. Los arriendos están elevados producto de la escasez de casa. El banco está alejado de la realidad de las personas. Queremos comprar el terreno en forma directa con el dueño. No tenemos mala intención, muy por el contrario”.
Mientras terminada nuestra conversación, los vecinos esperaban a Renato para solicitar herramientas. Se sentía un ambiente de comunidad y también se entendió que lucharán por lo justo. Po ser felices.

