La opinión del médico (cuarta y última parte)

La opinión del médico (cuarta y última parte)
Alcohólicos Anónimos

Estamos finalizando con este capítulo “Una Opinión del Médico” que se encuentra expuesta en el Libro Alcohólicos Anónimos que está presentado por un médico que trabaja en el tratamiento de adictos al alcohol y a las drogas, ampliando sus ideas dio a Alcohólicos Anónimos una segunda declaración que exponemos a continuación.

El Doctor escribe:

Y los individuos enteramente normales en todos respectos, excepto en el que se refiere al efecto que el alcohol produce en ellos. Estos son, a veces, capaces, inteligentes y amigables.

Todos los citados y muchos otros, tiene un síntoma en común; no pueden empezar a beber sin que se presente en ellos el fenómeno del deseo imperioso. Este fenómeno, como lo hemos sugerido, puede ser la manifestación de una alergia que distingue a esta gente de los demás y que la sitúa en un grupo distinto. Nunca ha sido posible erradicarlo con ninguno de los métodos conocidos. El único que podemos sugerir es la abstinencia completa.

Esto nos precipita inmediatamente en un caldero hirviente de discusiones. Mucho se ha dicho y escrito a favor y en contra, pero la opinión generalizada entre los médicos parece ser la de que la mayoría de los alcohólicos crónicos no tiene remedio.

¿Cuál es la solución? Tal vez pueda contestar mejor a esta pregunta relatando una de mis experiencias.

 Aproximadamente un año antes de tener esta experiencia, trajeron a un individuo para que se le tratara su alcoholismo crónico. Se había recuperado parcialmente de una hemorragia gástrica y parecía ser un caso de deterioro mental patológico. Había perdido todo lo que valía la pena en la vida y solamente vivía para beber. Admitió francamente, y lo creía, que no había remedio para él. Después de que se hubo desalojado al alcohol de su organismo, se comprobó que no había ninguna lesión cerebral permanente. Acepto el plan que se expone en este libro. Un año después vino a verme y tuve una sensación. Lo conocía por su nombre y pude reconocer parcialmente sus facciones, pero eso era todo, De una ruina temblorosa y desesperada, había surgido un individuo radiante de alegría y de confianza en sí mismo. Estuve hablando con él un rato pero no podía convencerme de que lo conocía. Para mí, era un extraño y lo fue hasta que se marchó. Ha pasado mucho tiempo y no ha vuelto ha probar el alcohol.

 Cunado siento la necesidad de elevar mi mente, pienso en un caso que trajo un eminente médico de Nueva York. El paciente había hecho su propio diagnóstico y, diciendo que sus situación era irremediable, fue a encerrarse a un granero vacío; ahí lo encontraron unas personas que lo buscaban y me lo trajeron en una condición desesperada. Después de su rehabilitación física tuvo una conversación conmigo, y con entera franqueza, me manifestó que consideraba una pérdida de esfuerzos el tratamiento a menos de que yo pudiera asegurarle lo que nadie había hecho; que en el futuro tendría “la fuerza de voluntad” necesaria para resistir el impulso de beber.

 Su problema era tan complejo y su depresión tan grande, que pensamos en la entonces llamada “psicología moral” como única esperanza para él, y dudando de aun está tuviese algún efecto.

 Sin embargo, lo convencieron las ideas que encierra este libro. Ho ha bebido ni una copa en muchos años. Lo veo de vez en cuando y es un espécimen de la naturaleza humana tan excelente como una pueda imaginarse.

 Aconsejo muy seriamente a todo alcohólico que lea con atención este libro. Es posible que a primera vista lo tome como objeto de burlas, pero quizás después se quede meditando y eleve una oración

William Silkworth, M.D.

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Donde puedes encontrar Alcohólicos Anónimos: Grupo “Transmítelo” Heráldica Nº8897 Pudahuel