Pudahuel, Santiago de Chile 26 de octubre 2015. El próximo 1 de noviembre será una fecha importante para miles de Pudahuelinos. Día de todos los santos en que se recuerda a las personas fallecidas, donde a los largo de todo el país, los cementerio se repletan de familiares o amigos que visitan a sus seres queridos, realizando ceremonias religiosas, o bien, adornando sus sepulcros con arreglos florales u otros elementos.
Tradición que se replica también en nuestra comuna, donde los vecinos repletan el Cementerio Municipal ubicado en Federico Errázuriz 926. Lugar donde todos los días funciona una entidad que con el paso del tiempo se ha transformado en un verdadero patrimonio cultura, y que se encargan de darle color a un lugar que muchas veces es motivo de dolor: La pérgola de las flores.
La pérgola está ubicada a un costado del histórico campo santo pudahuelino que data del año 1960 en lo que era antiguamente Barrancas, y que hoy, recibe a personas tanto de Pudahuel como se sectores aledaños como Cerro Navia, Lo Prado, Renca, entre otros.
Acá radica su importancia, donde diariamente deben lidiar con el dolor y la tristeza de miles de personas que buscan un momento de silencio junto a los seres queridos que ya partieron. Labor que sin embargo realizan con alegría, la misma que pretenden traspasar a través de sus productos florales.
Actualmente existen tres locales que atienden sin excepción los 365 días del año durante todo el día. Trabajo que partió en el año 1975 en nuestra comuna, consolidándose rápidamente como una parte importante del Cementerio Municipal. Así aseguró a diario Tropezón Verónica Paredes Bustos, una de las trabajadoras más antiguas de la pérgola.
“Para mi esta ya es como mi segunda casa. Acá hemos vivo muchas emociones, y eso le da importancia al trabajo que hacemos, donde realizamos además realizamos arreglos para matrimonios, bautizos, nacimientos, velorios, entrada al cementerio, lo que la gente necesite”, aseguró.
Completo servicio que realizan con mucha dedicación, siempre con la intención de mantener contento al cliente. Por eso, Verónica asegura que si bien lo que más resalta en el local son las flores y las coronas, han tenido que renovar sus productos debido a las exigencias de las personas que visitan diariamente el cementerio.
“El consumidor se pone más exquisito. Por eso hemos tenido que ir incorporando accesorios como remolinos, pergaminos, tarjetas, otros diseños de coronas, donde inclusos ahora vendemos tortas para que los visitantes celebren los cumpleaños de sus seres queridos. Estamos innovando constantemente”, aseguró, agregando además que la flor más vendida es el clavel.
Mil y una historias
Son tantos los años trabajando a las afueras del cementerio, que son muchas las historias que guardan del campo santo, considerado por muchos uno de los lugares más tétricos para visitar, sobre todo de noche donde dicen, suceden cosas extrañas.
En este contexto, Verónica nos contó el relato de la “abuela Agustina”, cuidadora del recinto que cuando podía, se encargaba de dejar helados a los visitantes del campo santo. “La abuela cuidaba los nichos, era buena del trago, y dormía adentro. Dormía en los nichos y se encargaba de asustar a los curaitos que pasaban por el sector”, relató.


