Se Acabó el Recreo

En nuestro país se piensa que el inicio de la  formación docente en un individuo va de la mano con valores que buscan el  beneficio  de los estudiantes y  un factor fundamental  claro está que es  la vocación y el espíritu de solidaridad con el formado, pero para un profesor como profesional de la Educación, el ejercicio de traspasar conocimientos es una tarea que no puede ser entregada a cualquier sujeto y por lo tanto la vocación y valores como la solidaridad pasaran a segundo plano a la hora de plantear la concepción de que los profesores trabajan con diferentes tipos de grupos etarios.

Los Profesores son individuos que no solo traspasan conocimiento, sino que nos entregan experiencias de vida, valores y en muchos casos se espera que sean modelos a seguir, es por esta causa la real importancia de que un aspirante a profesor se someta a un análisis que permita determinar cuan capacitado se encuentra para desarrollar su labor pues en el proceso de aprendizaje uncial como docente se pondrán a prueba atributos que quizá nos replante en el  concepto de ser “Profesor”. Profesores capacitados será el lema para aquellos que no acompañan el hecho de someterse a pruebas como la  Inicia o sistemas de autoevaluación, incluso  me atrevería a mencionar que una prueba psicológica no andaría mal teniendo en cuenta  que en Chile se privilegia la vocación y no las aptitudes que se tengan para un cargo determinado.

Creo que si nosotros como Profesionales logramos hacernos esta introspección, podríamos manejar temas sociales que sean al interior de los salones de clases. Para mirar el futuro como docente debemos ser capaces de mirarnos y tomar en cuenta que desde la base de nuestro modelo de aprendizaje los alumnos serán formados.

Nelson Mandela lo dijo con claridad: “No puede haber una revelación más intensa del alma de una sociedad que la forma en la que trata a sus niños”. Siendo así, las pomposas declaraciones de que vamos a ser un país desarrollado el 2020 o 2050 no son más que cinismo destilado, editorializado, replicado en las aulas y los asados familiares, por una elite que vive feliz la vida loca en 6 o 7 de las 346 comunas de Chile, como si aquí no pasara nada.

¿Cómo podemos mirarnos las caras mientras tratamos a la infancia de la manera que la estamos tratando? ¿Queremos ser desarrollados con estos niveles de violencia explícita o implícita hacia los niños de Chile? ¿Con estos modelos de enseñanza robotizada pretendemos ser competitivos internacionalmente? ¿Con estas prácticas legales e ilegales de segregación académica y socioeconómica queremos construir una sociedad cohesionada? Por favor, mirémonos un poquito al espejo en las mañanas y digamos basta.

Chile tiene un desafío único, para el cual no hay guías ni manuales. ¿Cómo transitar del modelo más mercantilizado del mundo a uno más acorde con la realidad de los países más avanzados, tanto en lo político, como económico, social y educativo? A mi juicio no se puede ni debe realizar de manera radical, lo cual puede ser una gran tentación. Mi aproximación es “radicalmente gradualista”. Es decir, con un rumbo claro pero teniendo en cuenta las múltiples restricciones políticas, económicas e incluso culturales de la sociedad chilena. Otros podrán discrepar. Pero es lo que creo y propongo en este texto.

No puedo pretender que estas propuestas se hagan, que son la nueva generación que plantean esta Educación al futuro más algunas inventadas al calor de la radiación de los libros, sean las únicas, mejores o las más correctas, pero espero que sean un aporte para discutir el imprescindible cambio de rumbo del modelo educativo chileno.

PorCristian Keupuchur Espinoza, Profesor Historia y Geografía.

 

 

No se permiten comentarios