Parte I: La rapidez con que se movió el anterior y se mueve el nuevo gobierno parece impactante. Por ahora es en el terreno de las ideas y la construcción de los detalles de su programa de gobierno, sobre el cual no está claro su destino en términos de los objetivos que se quiere para el país en el mediano o largo plazo. Esto ocurre, tal vez, porque no ha habido la preocupación nacional de invertir en anticipar el o los futuros a los que probablemente se llegaría de repetir el camino transitado hasta ahora, dado los cambios que se han hecho comunes. Parece claro que los cambios que se avecinan buscan que los resultados futuros del país sean diferentes o muy diferentes a los anteriores.
La rapidez de los sucesos y cierta ansiedad que se observa nos recuerda el clásico cuento de Lewis “Alicia en el País de las Maravillas” -usado en los albores de la administración estratégica para enseñar la toma de decisiones- cuando la niña pregunta al gato sobre: “¿Qué camino debe tomar? y gato le responde: “Depende adonde tu vayas”; entonces ella confiesa“ En realidad no se adonde ir” y el perspicaz gato le responde: “Entonces da lo mismo el camino vayas a tomar”. Solo quedaría acotar que de no estar los escenarios y objetivos de largo plazo definidos tampoco importa a la velocidad a la cual cambiar.
Sería distinto haber anticipado explícitamente los escenarios sobre los futuros que se desea que ocurran en el país y lo que habría que hacer en términos de: las acciones, los programas, los planes, las organizaciones y recursos -en especial los humanos necesarios y disponibles con sus competencias, inteligencia y talentos requeridas- para llegar a las metas u objetivos reales de desarrollo: social, ciudadano, político, ambiental, cultural y económico previamente definidos.


