
Niñas consideradas en la edad de estudiar, de jugar, de divertirse, de soñar a ser doctoras, enfermeras o músicas, pero la sociedad enseña que verse de más edad da madurez, que vestirse de minifalda atrae las miradas, que ser bonita te da un novio y si eres fea que busques maquillaje. Las niñas aprenden todo esto con errores y aciertos, consiguen novio, y al poco tiempo resultan con un muñeco, un muñeco de carne y hueso, y las niñas que guardan su inocencia y pureza sufren el abuso de algún familiar y eso las condena a tener un bebe que ni siquiera pidieron, madres niñas, niñas madres, dejan de vivir su infancia y no dejan tener infancia al nuevo ser.
Los culpables son muchos, pero ninguno es el responsable, el muchacho de la cuadra ya embarazó a seis y sale huyendo, negando conocerla, el familiar sale ileso de la silla del juzgado y la victima queda sin corazón, sin alma y sin vida… pero algunas se condenan a matar a un ser que no pidió venir, a botarlo a la basura, a darlo en adopción. Quieren regresar el tiempo, y dejan de ser víctimas.
Necesitamos anuncios de vocaciones y no de noviazgos, si incitamos a leer y no a salir un viernes a las discotecas, si aprendemos a que las niñas son niñas, y no son mini mujeres, que el tiempo que pierden y no valoran lo pierden y malgasta viviendo cosas que no les toca, no recuperan jamás la inocencia.
Padres, entendamos que comprarles un celular no es mejor que una muñeca de trapo, que llevarlos a un lugar de mala muerte no es mejor que comprarles un carro de control remoto. Los adultos somos los culpables y terminamos perdiendo a la futura juventud teniendo padres que son niños, y niños que tienen padres niños. Vigilemos qué familiar se queda con nuestras niñas, con nuestras futuras mujeres; que nadie les robe su inocencia y les haga sufrir males que aún no necesitan, que no se apuren a vivir lo que está fuera de tiempo.


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