Un ejemplo: Joven pudahuelino asiste a votar a pesar de su discapacidad

Un ejemplo: Joven pudahuelino asiste a votar a pesar de su discapacidad

DSC_0161Horacio Contreras está defendiendo su tesis para titularse de Ingeniero en Informática. Tiene 25 años, vive en Pudahuel y este domingo llegó al colegio Antilhue para votar. Podría ser un joven común y corriente. Sin embargo falta un detalle: Horacio nunca ha caminado en su vida y como si eso fuera poco sufre de un problema sicomotriz.

A pesar de todo, esta mañana se levantó  con los nervios propios de quien se enfrenta a algo nuevo: era la primera vez que votaba.

En su silla de ruedas y empujado por su padre, llegó al colegio con el voto claro en su mente. Dice que vio todos los debates presidenciales y que ahí decidió su candidato. Una vez adentro del establecimiento comenzaron las dificultades: el colegio no cuenta de un sistema para que las personas discapacitadas suban las escaleras, y a Horario, lamentablemente, le tocó votar en el segundo piso. Habían dos opciones: esperar unos minutos hasta que un vocal de mesa de donde le tocaba sufragar, bajara con las papeletas y pudiera ejercer su derecho; la segunda era que lo subieran a pura fuerza. Horacio Contreras padre optó por la segunda.

DSC_0166Desde que se inició el voto voluntario en el 2012, la mayor incógnita de los expertos y políticos es el voto joven. En las Municipales de ese año la participación fue escasa, pero no por eso necesariamente digna de encender las alarmas, ya que en los años del voto obligatorio la cantidad de jóvenes inscritos en los registros electorales era aún más baja.

A pesar de eso hay algunos que tienen las esperanzas de que los jóvenes se incluyan en este proceso.

Horacio entró a la sala. Su padre entregó su carnet y recibió las cuatro papeletas. Tomó a su hijo y lo llevó hasta una mesa ubicada en una esquina un tanto escondida. No podía entrar a las casetas de votación. Se demoró más que un votante común. Pero a nadie le importó.

Volvió con sus votos. Tomó el presidencial y se esforzó para introducirlo en las urnas con una gran sonrisa en su rostro. Pero no pudo. Su padre continuó con el proceso. Firmó el libro y por fin su anhelo de sufragar estaba cumplido. Se levantó en la mañana con las ganas de que este momento llegara.

“Nunca tuvo problemas para estudiar. Todo lo hacía desde un computador”, sentenció su padre, mientras caminaba por el patio dispuesto a retirarse.