Asamblea Constituyente y el Chile que queremos

Asamblea Constituyente y el Chile que queremos
Cristian Norambuena
Cristian Norambuena

Argentina, México, Perú, Colombia, Venezuela y Bolivia son ejemplos de países que han adoptado la idea de realizar asambleas constituyentes entre los años 1853 y 2007, ninguno de ellos diremos que es un ejemplo para el mundo, ninguno sobresale por su capacidad de desarrollo o nivel de vida, muy por el contrario todos ellos, cual mas cual menos son del promedio medio para abajo.

De ahí que resulta extraño que existan en Chile voces que pregonen la idea de que necesitamos una AC, es poco comprensible que un país que está en vías de desarrollo, que es estable, que mantiene cifras económicas que son la envidia en el mundo, y que tiene un buen estándar de vida, requiera según algunos de una convocatoria para crear una nueva Constitución.

 Chile goza de una de las constituciones mas garantistas del mundo, es solo cosa de abrir la Carta Fundamental, para darse cuenta que nuestros Derechos están plasmados de manera real – ¿Hay situaciones que resolver o modificar en la Constitución? – por supuesto que si , no es perfecta, es esencialmente perfectible, pero de ahí a echarla por la basura y plantearnos de idea de crear una nueva, es lo mas descabellado que he escuchado, y creo responde a un evidente populismo.

 Ahora quienes serán los llamados a constituir una nueva constitución, hay dos maneras: Mediante una Asamblea o Convención Constitucional o simplemente Constitucional, que  es una reunión nacional de personas del pueblo— no representantes — reunidos con el objetivo específico de formar las nuevas reglas que regirán la relación entre gobernantes y gobernados, esto con sus predecibles consecuencias, por tratarse de personas sin la suficiente preparación para crear las normas que nos regirán. O por la vía de una asamblea o congreso constituyente, que es un organismo colegiado que tiene como función redactar la nueva constitución, dotado para ello de plenos poderes o poder constituyente al que deben someterse todas las instituciones públicas. O sea un conjunto de especialistas Juristas que tendrán como misión redactar lo que será la futura carta fundamental.

 Por eso lo irresponsable de creer que Chile necesita o está en condiciones de necesitar o requerir de una AC, pues como hemos visto, quienes recurren a  ella son países que se encuentran en quiebres constitucionales o están al borde del abismo económico y social, lo cual a todas luces no es el caso de Chile.

 Por eso la invitación que hago a mis vecinos es a entender y razonar los alcances que puede tener para Chile caer en la tentación populista y demagógica de una AC, los riesgos que puede acarrear a la vida tal cual como la concebimos el tratar de desestabilizar el normal funcionamiento de nuestras instituciones.

 El 15 de diciembre Chile tiene la oportunidad de elegir entre dos caminos muy distintos, el del populismo que desea cambiarlo todo sin medir consecuencias, versus aquellos que creemos que Chile está en condiciones de seguir creciendo, modificando en algunos aspectos aquello que no funciona bien, pero manteniendo las bases que han hecho de Chile un país estable y generoso con sus habitantes.  

 Por mi parte creo en este Chile perfectible, creo en este Chile mejorable, creo este Chile que tanto nos ha dado, y no soy de aquellos que quieren borrarlo todo por empezar una aventura insospechada: Creo en la estabilidad y los contrapesos, porque incluso en democracia se puede vivir en dictadura, y la dictadura de las mayorías puede ser más peligrosa que la más temible de la  que tengamos recuerdos.

Cristian Norambuena

    Abogado