Sexualidad: cuando se reprime lo humano

Sexualidad: cuando se reprime lo humano

Durante el domingo de las elecciones, cerca de un lugar de votaciones, por Av. La Estrella y a pasos de Av. Laguna Sur, observé a unos padres con su hijo de 4 años. El pequeño orinó sobre un poste de alumbrado público y su padre le ordenó: “¡tápate luego la tula porque si te pillan los pacos te van a llevar preso por andar mostrándola!”. La madre ayudó a su retoño a cubrir rápidamente sus genitales, emprendiendo su camino con su carrito de feria, lleno de verduras y frutas.

Al respecto, si bien es necesario educar a nuestro/as niño/as en las costumbres culturalmente aceptadas, la represión es una vía empedrada…y la peor: la tan ejercida represión sexual. Para crecer sano/as, debiéramos ser criado/as bajo la aprobación de la expresión de nuestra sexualidad y un conocimiento oportuno acerca de ésta.

Los carabineros, quienes representan la ley, el orden y la autoridad, son llamados aquí para aplicar todo su rigor sobre el órgano simbolizante del poder masculino. En este caso, la función es inhibir el despliegue de este poder, porque de evidenciarse, la sanción es la pérdida de libertad. ¡Qué contradictorio!, para ser libre hay que privarse, esconderse.

Desde la infancia se nos motiva –obliga- al control sexual, partiendo por la censura de la genitalidad, donde la prohibición de la masturbación es la estrategia punitiva más a mano. Esto es porque se ha pensado, erróneamente, que masturbarse podría “producir enfermedades mentales o la aparición de vellosidad”.
La sexualidad, no obstante, organiza la energía de nuestro organismo, distribuyendo para sus fines las necesidades y las satisfacciones. Por ejemplo, la boca, es la primera zona erógena que se activa y desde donde se desprenden diversos placeres orales: acciones nutricias, comunicativas, adictivas, etc.

Vale preguntarse ¿cómo en el siglo XXI, con tanta información disponible y multiplicidad de saberes, la sexualidad es un tabú en muchos hogares, e instituciones, como la escuela?, probablemente por las equívocas creencias que aún persisten, tales como: la sexualidad comienza en la adolescencia, la abstinencia sexual favorece la salud, el hombre siempre debe tomar la iniciativa, el hombre es el responsable del goce femenino o las fantasías sexuales son nocivas, entre muuuchas otras. Estos prejuicios están basados en principios sesgados y cegados por la ignorancia, la represión y la discriminación de género, donde la pornografía, como precursora de iniciaciones, muchas veces distorsiona las prácticas sexuales al presentar rendimientos irreales.

Por ello, es urgente contribuir a la educación sexual, aportando conversaciones serias y responsables acerca de lo que sienten nuestros cuerpos, de plantear estas sensaciones como legítimas y naturales, imperativas para la existencia humana. Porque en general, cuando se habla de sexo, se revisa principalmente su aspecto biológico, dando énfasis a evitar un embarazo adolescente no deseado o a prevenir afecciones venéreas, pero poco o nada se dialoga del desarrollo psicosexual como tal. Aquel referido a los procesos mentales y corpóreos que vamos recorriendo a través de nuestra maduración.
Es importante recordar que desde que nacemos somos seres sexuales.

Marcia Bravo C./ Psicóloga Clínica/e-mail: psicologa.pudahuel@gmail.com ; Fono: 747 9660