Resiliencia: Responsabilidad y Decisión

Marcia Bravo C./ Psicóloga Clínica e-mail: psicologa.pudahuel@gmail.com ; Fono: 747 9660

Un joven y alegre conductor de una línea de radiotaxis de Pudahuel me contó que hasta hace algunos meses gozaba de una acomodada situación económica, producto de haber formado un rentable negocio. Sin embargo, a causa de una millonaria estafa, perdió todos sus bienes y su rumbo giró dramáticamente. En la actualidad, trabaja largas y agotadoras jornadas para mantener a su familia, compuesta por varios hijos. Tras un par de viajes en su móvil, me enteré de su enfermedad psicosomática, la que de tanto en tanto se reedita.

Sin saber que soy psicóloga, me mostró su quebrantada subjetividad, quizás por su urgente necesidad de ser escuchado y atenuar su sufrimiento. Considerando su convicción de lucha y expectativas de superación, podría catalogarlo como un hombre resiliente.

La resiliencia puede entenderse como una nueva respuesta intrapsíquica en relación al perjuicio sufrido y la significación que éste tiene. Aparece otro sentido ante lo traumático y se expresa en actos. Esto no equivale a la resolución del trauma ni a la supresión de síntomas, ni tampoco implica que alguno/as sean más apto/as para enfrentar situaciones catastróficas. En la resiliencia se crea un refugio donde descansar de la tormenta y/o donde poder reconstruirse, al menos en parte.

¿Qué permite tal creatividad frente a la adversidad?. Primero, reconociendo que cada cual es responsable de lo que construye y de cómo afronta las contingencias de la vida. Culpar al resto y/o esperar a que otros tramiten el dolor propio es una posición pasiva donde la “víctima” jamás conseguirá lo que añora, porque la solución no está fuera, sino dentro.

Luego de aceptar esta responsabilidad, viene la decisión de la acción, ¿cuál camino tomar?, se puede decidir, por ejemplo, deprimirse y quedarse hecho/a trizas, esparcido/a y vagando por el universo de las quejas y la autocompasión, desperdiciando cualquier atisbo de recuperación interior.

O, puede deprimirse y juntar los pedacitos, uno a uno, gota a gota de sangre. Una vez de pie, comenzar a caminar, aunque sea con la incomodidad y dificultad de un rompecabezas armado, donde las piezas son susceptibles de caerse mientras se avanza.

Se debe tener en cuenta que no se trata de negarse el derecho a estar deprimido/a, enojado/a, frustrado/a, adolorido/a, cansado/a, o lo que sea que el daño le haya provocado. Pero si puede ocupar su derecho a sufrir también puede usar su derecho a aliviarse.

Por tanto, ¿qué pondría responder ante esa victimizadora pregunta “¿por qué a mí?”?, puede responderse “porque soy responsable de lo que me ocurre”, o también podría cambiar la pregunta por “¿qué-de productivo- puedo hacer con esto?” o “¿qué puedo aprender de esta experiencia dolorosa?”.

Si decide hacerse cargo de usted mismo/a, le aseguro que encontrará respuestas muy constructivas, si decide lo contrario, ya sabe con lo que se tropezará. Entonces, ¿qué elige?.

Por: Marcia Bravo C./ Psicóloga Clínica

e-mail: psicologa.pudahuel@gmail.com ; Fono: 747 9660