“Quien te quiere te aporrea”: Amor v/s Violencia

Marcia Bravo C./Psicóloga Clínica

En un puesto de venta de confites, cercano al metro Barrancas, un hombre comentaba a una mujer: “quien te quiere te aporrea”. Ambos rieron como si este antiguo dicho fuera un divertido chiste.

Y añeja (en su doble sentido) es la idea de que el amor va de la mano de la violencia. No obstante, aunque este axioma lo aprehendimos en carne propia –literalmente hablando- desde nuestros primeros vínculos, hoy es momento de refutarlo. La creencia (im-) popular es que cuando los padres aman a sus hijos, deben sancionarlos con violencia física, psicológica y/o verbal para educarlos en la buena conducta. Desde ahí partimos con la asociación amor-violencia como condición necesaria y esperable en cada una de nuestras posteriores relaciones.

Así, al comenzar la vida en pareja vamos buscando quien nos brinde esta duplicidad, porque si no, no es amor, ¿cierto?. De pronto aparece alguien, encantador, que nos quiere y nos encamina tal cual ansiábamos. Él se preocupa de nosotras porque nos telefonea constantemente (al menos 10 veces al día) y porque nos asesora cómo vestirnos y arreglarnos para corregir nuestra ridícula y escandalosa apariencia (sin maquillaje, ni escotes, ni ropa apretada). También controla nuestras salidas y llegadas para protegernos de los peligros del mundo.

Por otra parte, resalta y censura nuestras tontas opiniones, tanto en privado como en público, para que evidenciemos nuestras insalvables limitaciones y no pretendamos superarlas (sería tiempo perdido). Además, nos designa deberes y nada de derechos, ya que sólo merecemos ser estrictamente controladas, por ser tan básicas e insignificantes. Nuestro deber único es la adoración de su existencia, sin reclamos ni exigencias, porque ese es el rol que nos corresponde.

¿Esto le parece ficticio, exagerado o inusual?, ¡qué distintas viviríamos si uno de esos adjetivos se cumpliera!, sin embargo, la realidad puede ser aún más cruda y humillante, más desmedida y corriente que los ejemplos mencionados, porque, diariamente, el amor v/s violencia se convierte en un Amo, porque le falta la R, de Respeto. Entonces este amo nos aporrea con: asfixias, por las extremas restricciones personales, sociales y económicas; castigos, por los celos, el espionaje tecnológico, las mentiras, la indiferencia y los insultos; pisoteos, con frases tales como: “nadie más te va a querer” o “¿quién se va a fijar en ti si eres gorda, fea, estúpida, fome, etc…?”; y, bofetadas de menosprecio, al enfatizar las debilidades y sepultar las potencialidades. El amo interviene y sobrevive con el consentimiento de la esclava, quien lo autoriza porque desconoce el amor.

Pero…¿qué será el amor? uff!!! habrán tantas definiciones como personas en este planeta. En cuatro palabras podría describirlo como: Autonomía, Mesura, Orden y Respeto. Autonomía de pensamiento y acción, donde se es libre de interpretar, decidir y hablar a partir de la propia individualidad, donde se es independiente para ir y venir cuándo y con quién se quiera. Mesura, donde se construye un sistema afectivo basado en acuerdos y compromisos razonables y de participación mutua. Orden, porque se aplica el también conocido “juntos pero no revueltos”, o sea, cada cual en su lugar, sin invadir el espacio del otro. Respeto, por reconocer, aceptar y destacar el valor del otro, aplaudiéndole en sus triunfos y acompañándole en sus fracasos.

Si quisiera, la esclava podría liberarse del amo y conocer el amor… si no puede hacerlo por sí misma…puede pedir ayuda.

Marcia Bravo C./Psicóloga Clínica/psicologa.pudahuel@gmail.com

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