“Los niños no lloran” le decía una joven madre a su hijo en la plaza frente a mi casa, en Pudahuel. El niño, adolorido por una caída, se vio obligado a contener su dolor, a no expresarlo, debido al exigente mandato materno.
En ese minuto, esa madre nos representa a todos y todas como sociedad teñida por un discurso decididamente patriarcal y severo. A la vez, es muy probable que las “tías del jardín”, los vecinos y vecinas, los parientes, etc. contribuyan a diario a enraizar esta idea en este ser humano en desarrollo.
Con esa frase hacemos un llamado a la represión de emociones, a esquivar de cualquier modo aquello que nos duela con tal de que nadie se dé cuenta. Quizá el fin último de este actuar sea “guardar las apariencias”, mostrar que ante todo evento UN HOMBRE siempre es un triunfador e inmutablemente feliz. Aquel niño, como muchos en nuestra cultura, crecerá escuchando frases similares e irá construyendo su identidad basado en estas cláusulas “universales”.
¿Cuáles pueden ser los resultados de esta crianza? ¿hombres más felices, porque no sienten pena?, ¿hombres más fuertes, porque no evidencian momentos de flaqueza?, ¿hombres más exitosos, porque jamás se les ve derrotados?. Desde mi modo de comprender la realidad, considero que los hombres no pueden estar realmente satisfechos y plenos si van por la vida negando lo que sienten. El dominio aparente de las emociones, el no reconocimiento y no aceptación de que lo que les pasa, al contrario, puede provocar estrés, frustración, rabia, inseguridad, intolerancia, sensaciones y actitudes que posteriormente podrían convertirse en drogadicción, violencia de todo tipo, delincuencia, etc.
Por lo tanto, la pregunta inevitable viene enseguida ¿qué hacer para comenzar, al menos, un camino diferente y mejor?, lo humano es una cualidad inmensamente compleja y multidimensional que cada cual vive a su manera, entonces, en este universo de alternativas, optemos por explorar nuevas estrategias de convivencia, avancemos desde otros frentes, innovemos continuamente con el fin de fortalecernos y fortalecer a quienes nos rodean…
¡Dejemos que nuestros niños lloren…pero acompañados, consolemos su tristeza…y crecerán hombres más felices!
Y usted ¿qué piensa hacer para que sus hijos, nietos, hermanos o primos pequeños tengan un futuro emocional más saludable?
Marcia Bravo C./ Psicóloga clínica.

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