
Estimadas y estimados, retomo la bonita práctica de escribir y compartir mis opiniones respecto de temas contingentes, tanto nacionales como locales. En este caso voy a referirme, breve y directamente, a algunos aspectos que son y seguirán siendo parte del debate sobre la interpretación de los resultados de la Encuesta Nacional de Caracterización Socioeconómica correspondientes al año 2011.
Quiero comenzar señalando que me alegra que más de 90 mil personas hayan transitado desde la extrema pobreza a la pobreza, aunque es como celebrar que una persona que está ahogándose en un lago haya sacado la cabeza del agua y pueda respirar, aunque se encuentra en el centro del mismo y no sabe nadar….y las ayudas que puede recibir son pequeños flotadores que alguien le tira sólo si está a punto de morir….un drama imaginario que me permite enfocar el análisis.
En realidad el debate acerca de las cifras es completamente irrelevante. Veamos por qué.
En primer lugar las cifras que se celebran son ínfimas si consideramos las magnitudes totales que representa analizar el comportamiento de la pobreza en un universo poblacional de más de 17 millones de personas.
En segundo lugar está el objetivo de una política pública fundada en una metodología que no es la más apropiada para medir los cambios, hacia arriba o hacia abajo, que experimentan las familias en la vida real.
En el caso que nos ocupa la unidad de medida es el costo de una Canasta Básica, que incluye alimentos y otros bienes y servicios necesarios para sobrevivir con dignidad y estabilidad, por cada integrante adulto del Grupo Familiar. En palabras simples, una familia es considerada pobre si logra costear las canastas básicas por adulto integrante de la misma. Nada más. En cambio aquella familia que gastando todos sus ingresos no logra hacerlo es indigente. Quién logra costear las canastas y disponer de excedentes para costear otras necesidades no incluidas en dichas canastas es una persona no pobre.
Una familia promedio en Chile, compuesta por 4 personas, para superar la Línea de la Pobreza debe generar un ingreso suficiente para costear 4 canastas básicas, es decir, alrededor de 290 mil pesos. Si a esa familia se le enferma un integrante, de cáncer por ejemplo, o alguno tiene un accidente grave que requiere tratamiento de alta complejidad, inmediatamente cae bajo la Línea de la Pobreza, vuelve a donde comenzó….y esa no es la idea, imagino.
Lejos está el salario mínimo de lograr ello, como lo hemos presenciado con el reajuste de 11 mil pesos que, pomposamente se ha dado en publicitar. Para lograr salir de la pobreza, con el salario mínimo, en una familia tiene que trabajar, necesariamente, más de una persona….lo que explica la verdadera razón de la participación femenina en el mundo laboral, especialmente en sectores de bajos ingresos. Y ello conlleva la necesidad de salas cunas, jardines infantiles y escuelas que compatibilicen su funcionamiento con el trabajo de la mujer. Para eso se requiere subsidios del Estado, pues no todas las familias pueden costear estos bienes y servicios.
Y ese es un problema esencial: Sólo se puede afirmar que se ha superado la línea de la pobreza en forma permanente y sostenible en el tiempo, cuando la familia recibe ingresos por trabajo estable y digno, no cuando sobrevive con subsidios.
Estamos en un verdadero problema, pues los empleos no son remunerados adecuadamente con el fin de permitir a las personas participar de los beneficios del crecimiento económico. Eso cuando son empleos formales, con contrato. Ni hablar del subempleo o del trabajo a la negra. Ello explica el alto endeudamiento que padecemos todos y todas en este país. Y el problema se agrava pues cuando apelamos a los subsidios, descubrimos que la Ficha de Protección Social, instrumento creado para determinar si una persona o familia requiere ayuda social del Estado y administrado por las Municipalidades, es completamente manipulable. Los casos de la Alcaldesa de Molina y el Alcalde de Alto Hospicio, son ilustrativos y públicos, por lo que nadie puede asegurarnos hoy, que el sistema es invulnerable y objetivo.
Estamos en un verdadero problema, pues los empleos son mal remunerados, son inestables y porque el sistema de protección social depende de un instrumento que no es confiable. En ese contexto, lo único que podemos afirmar con total certeza es que para superar la Pobreza en Chile tenemos que mejorar la Seguridad Social, las Leyes Laborales, las remuneraciones y el sistema de protección social. Y, para ello, necesitamos un cambio de modelo económico y una democracia real.
Conclusión: Se acabó el tiempo de las ilusiones fundadas en el crecimiento económico, el famoso chorreo, y en los subsidios sociales manipulables.
Tenemos harta pega por delante. Y no hay que desanimarse ni dejarse engatusar por los economistas defensores del modelo económico y del sistema político vigente, que intentan convencernos que estamos cerca del desarrollo. Lo de fondo, la cuestión crucial es que la distribución del ingreso sigue siendo de las peores del mundo, sobrevivimos gracias al endeudamiento y eso la mayoría de ustedes lo vive cotidianamente.
Luis Marín Salazar, Sociólogo – U. de Chile, Presidente ONG CIPDEL. Académico Universidad UTEM.

No se permiten comentarios