“TIEMPO DE FESTIVALES: FARÁNDULA VERSUS CULTURA”

Luis Marín Salazar, Sociólogo – U. de Chile, Presidente ONG CIPDEL, Docente Universidad Academia de Humanismo Cristiano.

El verano es la temporada de festivales variopintos, algunos ya cerraron sus puertas promovidos por las Municipalidades, varios de ellos con fines loables tales como la promoción del turismo y desarrollo local;  pero la gran mayoría de ellos son puro material desechable, farándula, ningún aporte al enriquecimiento cultural del pueblo chileno.

Los eventos masivos, como festivales o carnavales, tienen un valor social indiscutible: Permiten la sociabilidad; fomentan la identidad nacional o local y promueven valores culturales propios y que enriquecen el capital cultural de las personas. También, a qué negarlo, son estupendos negocios y favorecen las economías locales.

Sin embargo, hay dos aspectos que es preciso tener en cuenta a la hora de evaluar la real magnitud y el aporte al enriquecimiento de la población.

En primer lugar es necesario preguntarnos cuánto aporta al enriquecimiento del llamado capital social, es decir, aquel consistente en el incremento de la red de relaciones sociales de las personas. Cuando el evento permite la participación activa de grupos organizados y de la gente en general, tal como los carnavales o festivales de teatro, este capital se incrementa en forma notable en los participantes directos e indirectos, como por ejemplo los administradores y empleados de hoteles, hostales, restaurantes y establecimientos que favorecen la interacción entre las personas.

En segundo lugar, es indispensable interrogarnos cuánto aporta el evento al enriquecimiento del capital cultural, ese que consiste en el enriquecimiento moral y espiritual de las personas, al honor, el orgullo de ser parte de una comunidad y a la valoración de las costumbres propias y adquiridas.

El Festival de Viña del Mar, el evento más relevante de nuestro extraño país, es un fenómeno de masas, favorecido por la Televisión que permite que millones de personas puedan participar, pasivamente, de este evento. Lamentablemente, debemos ser francos y claros, contribuye bien poco al enriquecimiento del capital social y cultural de nuestro país y, más bien, es un espacio de banalización y de exhibicionismo farandulero que da vergüenza ajena. Favorece el ensimismamiento con la Televisión y permite que “opinólogos” vacíos y superficiales tengan su minuto de fama. Y, lo que es peor, es el momento propicio para que conflictos sociales fuertemente asentados en la cotidiana vida de los chilenos y las chilenas, sean ocultados sin ningún pudor. Es el caso del debate que se ha abierto en torno a la reconstrucción, su metas fallidas, las soluciones parches tipo “subsidio al arriendo”, y todo aquello que se prometió tratar con eficacia y eficiencia, pero que en la práctica concreta no se ha cumplido, quizás más que por fallas humanas, por las prácticas consagradas de la institucionalidad pública que no puede ser administrada como empresa privada. Es el caso del conflicto de las regiones con el centralismo. Entre comentarios y copuchas faranduleros y propaganda que oculta conflictos, se nos va el verano, con una sola conclusión: Podemos tener más dinero, pero somos cada vez más pobres en capital social y capital cultural. Mal balance para el futuro de una sociedad que aspiramos más equitativa y justa.

Por: Luis Marín Salazar, Sociólogo – U. de Chile, Presidente ONG CIPDEL, Docente Universidad Academia de Humanismo Cristiano.