Que las ideologías puras se han ido acabando, de eso no hay dudas, salvo excepciones que por ser tales confirman lo señalado, se han ido modificando acorde al devenir histórico de la sociedad que reclama opciones políticas más eclécticas, pues tal como sucede con muchas aristas de la vida, las cosas van mutando y requieren de un tratamiento distinto según la época en que vivan, al igual que las ideologías políticas y las leyes.
¿Que hubiera pensado un socialista de la etapa mas dura, que gobiernos de su postura convivan con privatizaciones o concesiones privadas?, ¿cual sería la reacción de aquellos fundadores del socialismo de la revolución francesa al saber que ahora sus adeptos comulgan con la propiedad privada, la libertad económica y el libre mercado?
Que ganen o no elecciones es fácil de explicar pues sus argumentos en la faz Agonal de la política, que es aquella en la cual urgen sus candidatos y realizan sus campañas, llevan discursos izquierdistas que fascinan a su receptores, por lo justos, lo distributivos y lo democráticos, pero que posteriormente y luego de asumir, en la llamada faz Arquitectónica de la política se comportan como el mejor derechista.
No existe por estas motivaciones que enuncio, un gobierno de izquierda que por sus propias ideas haya alcanzado los fines sociales que predican, que haya por ejemplo superado el problema de la pobreza o la mala distribución de la riqueza. Siempre han tenido que acudir de forma premeditada y obscena a las ideas opuestas a su pensamiento doctrinario. En latino América de los ochenta y noventa, y hasta me atrevería a decir, ya en nuestros tiempos, hemos estado gobernados por este tipo de personajes que hacen su campañas con el pueblo y para el pueblo, pero cuando gobiernan se olvidan de sus nomenclaturas y realizan todo lo contrario a sus convicciones.
Estas mutaciones ideológicas que denuncio, tienen su máxima expresión en el socialismo del siglo XXI, que pasó de ser uno con sabor a empanadas y vino tinto a otro con pinta de Sushi y Moscatel de Alejandría, pues sus máximos referentes están en la cúspide de la socialitte , llenan paginas sociales y participan activamente en el mundo empresarial.
Antiguamente se pensaba que el Socialismo era la fase previa al Comunismo, por ello los procesos revolucionarios vividos por ejemplo en la URSS o Cuba no se relacionan con esta doctrina, ya que, en el caso de la Unión Soviética nunca se logró alcanzar el comunismo puro y cuba ha tratado por años alcanzar ese objetivo sin resultados.
En el caso particular de Chile, nuestro país vive una especie de excepción excepcionalísima, pues pasamos de un gobierno seudo socialista a uno de Derecha sin intermedios, pero ese salto doctrinario se debe exclusivamente a que en Chile es muy difícil tratar de diferenciar doctrinas políticas, pues como he señalado los gobiernos de la concertación han gobernado como derechistas clásicos, con un pequeño matiz social.
El socialismo continúa siendo un pensamiento con un gran interés de control político y suele ser promovido por medios activistas intensos y auto-proclamarse como un “movimiento de lucha político vinculado con el establecimiento de un orden político construido por, para, o en función de la clase reprimida por el gobierno de turno” con el propósito de construir una sociedad sin clases estratificadas o subordinadas unas a otras; idea esta última que no era originaria del ideario socialista sino del comunista y cuya asociación es deudora del marxismo-leninismo.
La radicalidad del pensamiento socialista no se refiere tanto a los métodos para lograrlo sino más bien a los principios que se persiguen. Lastima que estas nomenclaturas sean desconocidas por quienes se jactan de ser socialistas en Chile y que se han mimetizado del jaguarsismo imperante y viven sus horas en grandes mansiones, viajan en mulas de acero del año creyéndose todo y llevan sus rostros bañados de sol.
El chile del siglo XXI deberá seguir siendo liderado por quienes han demostrado de verdad ser eficaces en la lucha contra la pobreza, pero que tienen o tenemos la gran responsabilidad de materializar una verdadera y justa distribución de los ingresos para aminorar la tremenda brecha social que existe entre los que tienen más y los que tienen por consiguiente menos.
Bernardo Norambuena
Abogado


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