ACERCA DE LA RESPONSABILIDAD PÚBLICA DEL ACTUAR DE LOS MANDATARIOS: Lecciones del Caso La Polar

Luis Marín Salazar, Sociólogo, Presidente ONG CIPDEL

El caso de la empresa LA POLAR S.A., nos ofrece una muy buena oportunidad para reflexionar acerca de la responsabilidad de los mandatarios y su proceder.

En efecto, la situación de La Polar es una triquiñuela contable que sus ejecutivos, respaldados por el Directorio, o sea el órgano máximo de autoridad y control de la empresa, realizaron con el fin de inflar artificialmente sus “fuerzas económicas” y con ello obtener ventajas en la Bolsa. Ocultando la real magnitud de la morosidad de sus clientes, reprogramando deudas en forma inconsulta, quería mantener su esplendorosa trayectoria que había sorprendido a todos los agentes económicos. En palabras más conocidas, una burbuja que estallaría en cualquier momento. Y así ocurrió.

Y el Presidente del Directorio, cayó prácticamente a los pocos días. Lo mismo sucederá con el resto de los directores y los ejecutivos, después de las investigaciones que las entidades fiscalizadoras realicen y la justicia también. El mandatario, es decir, el mandado por los accionistas, falló, avaló por acción u omisión, el proceder de sus subalternos y tuvo que marcharse. Con pena y sin gloria.

Ah, y probablemente, si hay delitos y daños, deberán responder con su patrimonio personal y quizás con cárcel.

Cierto que fallaron los controles institucionales, eso de que las instituciones funcionan no es cierto. Cierto que el mercado no se autorregula, pero la lección que se saca no tiene que ver con si el mercado es bueno o malo. Ese tema es para otra columna.  Tiene que ver con la responsabilidad de los mandatarios.

En este caso la cuestión de la salida del Presidente, de la máxima autoridad de la empresa, fue fulminante. Se trataba de reparar el daño a la imagen pública y de abrir los espacios para que las investigaciones se realicen. Y todo ello porque lo que estaba en juego eran platas privadas, de accionistas y también de los clientes.

Me pregunto por qué ello no sucede con los mandatarios públicos. Será acaso que tienen alguna protección especial por tratarse de recursos públicos, dineros de todos los chilenos. Hasta ahora, salvo excepciones demasiado evidentes, todos aquellos que han tomado malas decisiones, se han gastado los recursos en cosas diferentes a su destino, como por ejemplo, los recursos de la Ley SEP. Y, sin embargo, siguen inmunes e impávidos, como si no hubiera pasado nada.  Parece ser que el gran salvavidas es la enorme ingenuidad de Moya, ese que paga, o sea todos. Sería bueno, aprovechando este escándalo, que los ciudadanos tengan en cuenta estas situaciones y se hagan las preguntas correctas: ¿Por qué tengo que seguir pagando las metidas de pata (y de mano también) de los mandatarios públicos?

Luis Marín Salazar, Sociólogo, Presidente ONG CIPDEL

Deja tu comentario