Un día al abordar un taxi el conductor sin saber a que yo me dedicaba, comenzó a criticar a los Abogados señalando cosas como; todos son ladrones, malas personas y se aprovechan de la gente. Luego de escucharlo pacientemente le pregunte ¿entonces tengo que tener cuidado con usted? -Por que replicó- ¿Por qué también dicen que todos los taxistas roban a sus pasajeros y son ladrones? -sorprendido me respondió- pero no todos somos iguales, yo no soy sinvergüenza, a lo que le señalé, yo tampoco.
Es eso precisamente lo que ocurre en todas las aristas de la vida, lamentablemente metemos a todos en un mismo saco, sin detenernos en pensar que efectivamente hay personas muy honorables en todos los oficios que existen.
Quiero invitarles a reflexionar sobre un tema muy delicado, para que lleguen a sus propias conclusiones. De los sacerdotes que ustedes conocen personalmente, amigos lectores, ¿Cuántos son personas de bien, entregadas a una labor digna y noble? y ¿Cuántos tienen realmente una mala conducta?
Probablemente por la delicadeza de los temas que aborda la Iglesia y por el respeto que deben infundir los sacerdotes, es que en el caso de ellos, es más fuerte la crítica, pues no se concibe un Padre con tan sucios comportamientos, no es propio de la investidura de un sacerdote cometer delitos de índole sexual en contra de sus feligreses, pero el problema existe y no es mi propósito que se siga escondiendo. En este sentido la Iglesia deberá dar señales de dureza en casos como los comentados y ser rígida en sanciones ejemplares del Derecho Canónico, sin olvidar que los delitos se deben perseguir por la Justicia Ordinaria, por que en estos casos la conocida locución “Al cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios” no tiene aplicación práctica. Los delincuentes en la cárcel sin miramientos.
Pero es menester reconocer seriamente la labor de los miles de sacerdotes que se encuentran desarrollando su trabajo de manera abnegada y seria, que son verdaderos confesores, amigos, pilares fundamentales en sus comunidades y que llevan sus hábitos con el respectivo respeto y amor a Dios, pues nacen iluminados de la gracia divina y son servidores de la Iglesia para cumplir con su misión evangelizadora, con tan buenos resultados hasta la fecha.
Juzgar a la Iglesia por actos cometidos por algunos de sus miembros sería una injusticia de marca mayor, las responsabilidades son siempre personales y no deben comprometer instituciones, pues las personas pasan y estas quedan, sobretodo en casos como el que comentamos, la Iglesia saldrá como siempre en buen pie por que descansa en valores superiores trascendentales e inherentes a la persona humana, y no por situaciones de carácter excepcional, se va a echar por tierra la inmensa labor que se realiza los 365 días por mas de 2000 años.
http://bernardonorambuena.blogspot.com/2011/04/al-cesar-lo-que-es-de-dios.html
BERNARDO NORAMBUENA C.
ABOGADO

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