La evaluación es un proceso que procura determinar, de la manera más sistemática y objetiva posible, la pertinencia, eficacia, eficiencia e impacto de las actividades formativas a la luz de los objetivos específicos. Constituye una herramienta administrativa de aprendizaje y un proceso organizativo orientado a la acción para mejorar tanto las actividades en marcha, como la planificación, programación y toma de decisiones futuras.
Esto es precisamente lo que no ha ocurrido en Pudahuel desde principios de los noventa, época que coincide con la llegada a la comuna de una nueva administración liderada por quien cumple cerca de dos décadas como la principal autoridad, responsable administrativa y políticamente de su devenir. En este comentario solo nos abocaremos al tema de la educación, pues no existe ni evaluación, mejora, ni mucho menos una planificación seria de lo que debiera ser una de las principales preocupaciones de quien ha sido erigido como mandatario de los destinos de nuestros vecinos. Mas que analizar las frías cifras que demuestran el nulo crecimiento en la materia en comento, me quiero referir al poco apego y la indolencia que se demuestra al no crear una estrategia clara que muestre que existe un interés social por dejar atrás tan malos resultados, pareciera que en cada medición pública hiciéramos la del avestruz por un par de días, para posteriormente seguir con la vida normal, aquella llena de fuegos de artificio y carteles informativos, que muestran una realidad que es ajena al común de los vecinos.
Muchas veces se piensa que la buena educación va de la mano con la capacidad económica para invertir, y puede ser así, las cifras nacionales de colegios particulares lo demuestran, mejores profesores, mejor infraestructura, mayor cantidad de incentivos, tecnología, buena alimentación, parecieran ser la diferencia entre los resultados de las escuelas particulares y las municipales, la llamada brecha se acrecienta entre las escuelas de mas bajos recursos con las que tienen más, pero tenemos dos opciones, seguir quejándonos de la brecha educacional o mirar hacia el futuro y dar un paso al costado, salir de la fila de los mediocres y abrir un camino propio en materia educacional, la globalización nos brinda un mundo de nuevas posibilidades, el acceso a Internet nos abre un abanico de espacios donde incursionar, solo basta dar vuelta la página de los malos resultados y la mala conducción administrativa.
Nuestros vecinos que han alcanzado buenos puntajes, incluso nacionales, avalan la tesis que con empeño, sacrificio y dedicación se puede lograr, para ello es preciso incentivar el proceso de estructuración del pensamiento, de la imaginación creadora, las formas de expresión personal, de comunicación verbal y gráfica de nuestros niños desde los primeros años de educación, favorecer el proceso de maduración en lo sensorio-motor, la manifestación lúdica y estética, la iniciación deportiva y artística, el crecimiento socio afectivo, y los valores éticos, estimular hábitos de integración social, de convivencia grupal, de solidaridad, cooperación y de conservación del medio ambiente, desarrollar la creatividad del individuo, fortalecer la vinculación entre la institución educativa y la familia, prevenir y atender las desigualdades físicas, psíquicas y sociales originadas en diferencias de orden biológico, nutricional, familiar y ambiental mediante programas especiales de acciones articuladas con otras instituciones comunitarias, de esta forma podremos de verdad romper las barreras de la marginalidad educacional y poner a nuestra comuna en lo más alto de los futuros ranking de medición, teniendo para ello que explotar el capital humano, la capacidad de nuestros profesores, la imaginación y la libertad de nuestros niños de pensar y desarrollar sus habilidades.
Mas allá de buenas intenciones, discursos enfatizadores de la desigualdad y las diferencias sociales, necesitamos un cambio de verdad, algo que haga resurgir lo mejor de lo nuestro, como Pudahuelino me duele ver como comunas vecinas a la nuestra, crecen en todo sentido, se hermosean y son seguras, mientras nosotros seguimos sumergidos en una esfera bañada de resentimiento, adornada de banderas que nos muestran un chile de división y egoísmo, mientras el país despega hacia el futuro, nosotros miramos desde abajo el progreso, todo por creer que el auxilio que nos prometieron, las capacidades personales que nos ofrecieron y la esperanza de una comuna mejor llegarían, pero seguimos esperando, como en una estación sin trenes el ansiado resurgimiento de nuestros barrios, que muy luego se llenaran nuevamente de colores amarillos y rojos con una puesta de sol y en medio un nombre que a esta altura suena a repetición y desgastamiento Johnny Carrasco.
Bernardo Norambuena C.
Abogado

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