Centro de madres Rayito de sol: La historia de esfuerzo para construir y conservar la “casa de la botella” en Pudahuel

Socias y dirigentes en el jardín de la sede

Socias y dirigentes en el jardín de la sede

Socias al interior de la sede

Socias al interior de la sede

Tuvieron que juntar miles de botella para construir un muro ecológico en su sede, historia de data desde el año 2012. A pesar de sufrir varias caídas, se han levantado para disfrutar de este gran anhelo.

Lo que comenzó como un sueño el año 2012 hoy es una realidad. Y es que parte de la sede del centro de madres Rayitos de Sol está construida con ladrillos ecológicos, es decir, botellas plásticas rellanas con arena. Obra que han construido a base de mucho esfuerzo, y que hoy les permite disfrutar varias veces a la semana de su hermoso lugar de encuentro.

La constancia ha sido clave, pues este grupo de pudahuelinas no se conformó con hermosear de una manera novedosa su propia sede, sino que siguen reciclando botellas y latas con la finalidad de juntar dinero para los gastos del club. Según comenta la presidenta, Susana Veliz, es un grano de arena que contribuye al cuidado del medio ambiente.

“Soy inmensamente feliz, lo mismo que mis socias. Llegar a la sede y ver lo hermosa que quedó es una alegría inmensa. A veces, incluso, se nos pasa la hora sin darnos cuenta, porque nos gusta estar acá. Recuerdo esos momentos en que teníamos que entrar agachadas, el techo había bajado a no más de un metro y medio, el baño era un tarro, cuando llovía nos arrinconábamos en la esquina para no mojarnos. Ahora me siento y reflexiono cuánto hemos avanzado en el sueño de la casa botella”, dijo.

La dirigente, además, recuerda con emoción los momentos malos, agregando que esto les ayuda a entender y valorar lo que han conseguido como organización. “He llorado de impotencia y rabia. El llegar a la sede que construimos con sudor y lágrimas, con proyectos, vendiendo rifas, completos, recogiendo botellas de la calle y de los tarros de basura, donde la gente nos gritaba improperios, nos recuerda lo importante que es esto para nosotros”.

También recuerda con pena y molestia varios episodios en que les han entrado a robar. Momentos que, según asegura, han reaccionado con impotencia al ver como el esfuerzo de tantos año, se ve muchas veces destruido por delincuentes.

“Nos han robado desde las ventanas hasta las cucharas con que tomamos té. De igual forma continuamos juntando peso a peso hasta que logramos tener nuestras cosas de nuevo. Eso nos entristece a todas, pero nos levantamos de nuevo”, aseguró Susana.

Terminada la sede van por otro sueño: una biblioteca popular con libros usados que esperan que funcione todos los días, donde ya tienen un espacio disponible.

Deja tu comentario


publicaaquí

publicaaquí