El pudahuelino reconocido en todo Chile por pintar carteles publicitarios

DON LITO

Pudahuel, Santiago de Chile, 23 de junio 2015. Dicen que la necesidad y los problemas, a veces son oportunidades, y hay un hombre en nuestra comuna que se agarró fuerte de este postulado para salir adelante. Nació en Concepción, pero siendo muy joven tomó la decisión de venir a probar suerte a Santiago ya que en el sur la cosa no andaba muy bien. Hoy es conocido en todo Chile por hacer carteles publicitarios. Hablamos de Héctor Leal, más conocido como “Don Lito”.

Desde chico fue bueno para el dibujo, donde cuenta que sus mejores notas estaban en la clase artes. Una vez buscando trabajo por necesidad económica, se encontró con un pintor de letreros, donde estuvo pocos días, pero sus ganas eran tantas que bastaron para aprender sobre este oficio que hoy le permite vivir cada día con felicidad.

“No sabía ni como tomar un pincel, pero agradezco a ese señor porque me dio la oportunidad de aprender, lo que a la larga me sirvió para llegar con algo a Santiago. Son oportunidades únicas y hay que aprovecharlas, sobre todo cuando hay algún tipo de necesidad”, comentó.

Casado y con un hijo, viajó a la Santiago con la ilusión de surgir. Así, hace más de cuarenta años llegó a Pudahuel donde comenzó pintando patentes de autos en una oficina municipal de nuestra comuna. Trampolín para llegar a donde está ahora, donde su más preciada joyita, es su local ubicado en la comuna de Lo Prado. De ahí que don Lito es conocido en todo Santiago por sus letreros.

“Dios puso a gente en mi camino que me permitió tener mi local sin tantas trabas. De ahí todo ha sido esfuerzo, incluso yo no he hecho mucho para ser conocido, sino que los mismos clientes se van pasando el dato, y eso es lo más gratificante de todo, que la gente reconozca el trabajo que hago”.

Y basta caminar por San Pablo para ver carteles de “Don Lito” en panaderías, bazares, carnicerías, y colegios, donde su trabajo también llega a grandes empresas. También, cuenta con nostalgia y orgullo que pintaba  letreros en los buses Tropezón, y las recordadas micros amarillas.

Y uno de los pilares fundamentales para el artista es su familia, la cual está conformada por su esposa y sus cinco hijos, que si bien en su mayoría son profesionales, no dejan de regalonearlo cada día. “Este oficio me dio la oportunidad de pagarle la educación a mis hijos, quienes siempre comprendieron la humildad de mi trabajo y el esfuerzo que hay detrás. Doy gracias a Dios porque son personas con buenos valores”, agregó.

A pesar del trabajo, se da el tiempo para agradecer a Dios por todo lo bueno, donde participa en una iglesia evangélica. La mezcla de talento, esfuerzo y fe, han permitido que este hombre se gane el respeto de su familia, amigos y cercanos. Ejemplo para las nuevas generaciones de nuestra comuna.

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