Uno de los mejores luthier del mundo está en Pudahuel

Anselmo Jaramillo, trabajando en su taller

Anselmo Jaramillo, trabajando en su taller

La perseverancia y la disciplina llevó a un hombre que en sus comienzos ejerció de obrero de la construcción, recolector de basura,  trabajador del Pen y Pogh, a ser uno de los mejores fabricadores de instrumentos de cuerda en Chile.

Pudahuel Santiago de Chile, 13 febrero 2015. Anselmo Jaramillo, Pudahuelino, es considerado por los medios especializados como uno de los más importantes luthier de nuestro continente, y también de Europa, gracias a la calidad de sus guitarras. Además, es un referente importante en la fabricación del guitarrón chileno y del rabel, instrumentos propios del Canto a lo Poeta.

Es por eso que el teléfono de su casa recibe llamadas de España, Japón, Australia de países americanos entre otros. A menudo son desconocidos que apuestan por pedirle un instrumento al artesano chileno, que vive y trabaja en la calle Mostar en Pudahuel.

En su taller, nacen de sus manos todo tipo de instrumentos de cuerda, como guitarras, guitarrones, rabeles, mandolinas, charangos y copihuelos, este último creado por él.

Solo está trabando a pedidos. Utiliza las maderas más finas del orbe, entre estas  Cedro Rojo de Canadá, Jacarandá de la India, Ébano, Caoba, Haya y Abeto, todas importadas. En cuanto a su preferencia, es la guitara de concierto, y su agenda está copada hasta mayo próximo en que no puede recibir trabajos.

Anselmo Jaramillo, leyendo a tropezón

Anselmo Jaramillo, leyendo a tropezón

Sus instrumentos están repartidos por el mundo, y no recuerda cuantos ha hecho, ni a que pisases se han ido, pero si comenta  sobre un trabajo de investigación en España con el concertista e ingeniero madrileño, Juan Meduiña Fernández, quien le entregó la tarea de fabricar los primeros prototipos donde se aplicarían  investigaciones sobre acústica, generándole una vez terminado aquello, el reconocimiento y ser el único chileno inscrito en los registros de la guitarra clásica española.

En julio del 2014, una guitarra suya en manos del concertista Ramón Vergara,  ganó un concurso internacional en España. “Eso me hace feliz, pero siempre he buscado como mejorar aún más en mi trabajo, que hasta ahora, he desarrollado en forma autodidacta. Uno nunca termina de conocer y aprender”; dijo.

Anselmo reconoce que con el tiempo se está poniendo lento. Cumplirá 70 años, y ya hay dolor en sus hombros, donde las exigencias de sus clientes lo obligan a dedicar muchas horas para terminar un solo instrumento. “La guitarra tiene que reunir todos los requisitos que el músico quiera: Vibración, dulzura, equilibrio entre bajos y agudos”, describe.

Su inicio no fue fácil. La oportunidad llegó de la mano de dos importantes conjuntos musicales de la época, el “Trio Inspiración”, para quienes restauró un requinto, y al “Trio Amaral”, quienes le pidieron un tercio, luego otros instrumentos, y de ahí comenzaron a llegarle profesionales con mayores exigencias.

Su llegada a Pudahuel

Para no olvidar sus raíces, Anselmo confiesa que es incapaz de narrar las historias más dolorosas de su infancia. Pero recuerda con orgullo sus inicios como obrero de la construcción, pioneta de camión recolector de basura en la comuna de Tomé, y su trabajo en Pudahuel en los programas de Empleo Mínimo (PEM) y el Plan Ocupacional para Jefes de Hogar (POJH), época en que el país estaba en crisis económica.

Además tiene la esperanza de escribir un libro que plasme cómo la vida le regaló viajes, historias, y un oficio que lo apasiona y le ha dado un reconocimiento a nivel mundial, que aún le cuesta asumirlo.

Juana Enríquez, su esposa, dice que la historia no siempre fue alegre. “Pasamos momentos difíciles, cuando no lo conocía nadie y no había gente que viniera a comprar instrumentos, pero también hay alegría, tenemos dos hijas felizmente casadas, cuatro nietos y un bisnieto. Ha sido como vivir un sueño estos 47 años de matrimonio”, cerró.

 

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